Investigadores y especialistas médicos han lanzado una advertencia contundente: la salud cardiovascular de las mujeres se encamina hacia un deterioro crítico en los próximos 25 años. Si las tendencias actuales no se revierten de manera urgente, el panorama para mediados de siglo presenta retos sin precedentes para los sistemas de salud pública y el bienestar individual de la población femenina.

De acuerdo con una reciente declaración científica de la Asociación Americana del Corazón (AHA, por sus siglas en inglés), publicada este 25 de febrero en la prestigiosa revista Circulation, se estima que para el año 2050, el 60% de las mujeres padecerá al menos un tipo de enfermedad cardiovascular. Este organismo, que es un referente mundial en cardiología y cuyas directrices suelen ser adoptadas por especialistas en México y toda Latinoamérica, destaca que el declive será progresivo y alarmante si no se implementan cambios estructurales en el estilo de vida.

El informe no solo se enfoca en el corazón, sino que traza una línea directa entre diversas afecciones metabólicas que han ido al alza. Los expertos proyectan que para el mismo año, una cuarta parte de las mujeres (el 25%) vivirá con diabetes y un impactante 60% enfrentará problemas de obesidad. Estos factores, combinados con un aumento sostenido en los diagnósticos de hipertensión arterial, son identificados como los principales motores de esta crisis sanitaria en potencia.

Los autores del estudio señalan que estas tendencias están impulsadas por condiciones crónicas que, en muchos casos, son prevenibles. En el contexto de México, estos datos resultan especialmente preocupantes, dado que el país ya enfrenta una de las tasas de obesidad y diabetes más altas del mundo según organismos como el INEGI y la Secretaría de Salud. Lo que ocurre en la región norteamericana suele ser un espejo de las transiciones epidemiológicas que afectan a la población mexicana debido a la similitud en los hábitos de consumo y el sedentarismo.

Finalmente, la AHA subraya que este destino no es inevitable. El conocimiento de los riesgos y la intervención temprana son las herramientas más eficaces para cambiar el rumbo de estas estadísticas. La identificación de factores de riesgo desde edades tempranas y el acceso equitativo a servicios de salud de calidad son esenciales para evitar que casi seis de cada diez mujeres vean comprometida su calidad de vida por padecimientos que pueden ser gestionados mediante un monitoreo médico regular y políticas públicas de prevención eficaces.