El Reino Unido ha alcanzado lo que muchos expertos consideran un "punto de inflexión" crítico en la industria automotriz global. Según datos recientes analizados por especialistas del sector, la cantidad de puntos de carga públicos para vehículos eléctricos (EV) en territorio británico ya casi duplica el número de mangueras de gasolina y diésel disponibles en las estaciones de servicio convencionales.

Defensores de la movilidad eléctrica han calificado este suceso como un "hito trascendental", argumentando que esta cifra es la prueba definitiva de que los autos eléctricos han dejado de ser un producto exclusivo para entusiastas y se han integrado plenamente en la corriente principal del mercado. Este avance se produce en un contexto donde las potencias europeas aceleran sus planes de descarbonización para cumplir con las metas de emisiones netas cero.

Para el lector en México, este fenómeno en el Reino Unido representa un caso de estudio fundamental sobre la evolución de la infraestructura urbana. Mientras que en nuestro país la transición hacia la electromovilidad aún enfrenta retos significativos en cuanto a la densidad de cargadores en carreteras y zonas rurales, el modelo británico demuestra que la inversión masiva, tanto pública como privada, es el motor principal para eliminar la denominada "ansiedad de autonomía" que frena a muchos compradores potenciales.

El crecimiento de esta red de carga no solo es una victoria logística, sino también un cambio psicológico profundo para la población. Durante décadas, la ubicuidad de las gasolineras fue el estándar de conveniencia. Hoy, al existir casi el doble de opciones para recargar una batería que para llenar un tanque de combustible fósil, la percepción de practicidad se ha invertido, favoreciendo la adopción masiva de tecnologías limpias.

Analistas internacionales coinciden en que este rebasamiento en las cifras de infraestructura marca el inicio del fin de la era del petróleo en el transporte ligero de pasajeros. El Reino Unido, al ser un referente en políticas de movilidad sustentable, establece un precedente que países en desarrollo como México observan de cerca para planificar la expansión de sus propias redes eléctricas en la próxima década.