En un movimiento que refleja la opacidad y el rigor del sistema político de Pekín, el Comité Permanente de la Asamblea Nacional Popular de China anunció la destitución de nueve altos mandos militares que integraban el máximo órgano legislativo del país. La decisión, aunque breve en su comunicado oficial, representa uno de los ajustes más significativos en la cúpula de las fuerzas armadas chinas en los últimos años.

El anuncio no detalla las causas específicas que llevaron a la remoción de estos cargos, una práctica común en el gobierno de Xi Jinping cuando se trata de asuntos de seguridad nacional o reestructuraciones internas de alto nivel. Sin embargo, la trayectoria de los funcionarios afectados sugiere que el foco de esta medida se encuentra en la Fuerza de Cohetes del Ejército Popular de Liberación (EPL), la unidad encargada de supervisar el arsenal nuclear y de misiles balísticos convencionales de la nación asiática.

Entre los nombres de los destituidos figuran generales de alto rango que han ocupado puestos clave en el desarrollo tecnológico y logístico de la defensa china. Históricamente, este tipo de purgas masivas en el sector militar ha estado vinculado a investigaciones por presunta corrupción o a la necesidad de consolidar el control político sobre las ramas más estratégicas del ejército, en un contexto de crecientes tensiones geopolíticas en el Indo-Pacífico.

Para México, la estabilidad política y militar de China no es un tema menor. Como uno de nuestros principales socios comerciales y un actor clave en la dinámica de las cadenas de suministro globales, cualquier indicio de inestabilidad o reconfiguración en el mando chino es monitoreado de cerca por la Secretaría de Relaciones Exteriores y los mercados financieros. La incertidumbre en las potencias nucleares suele traducirse en volatilidad económica que impacta directamente en las divisas emergentes como el peso mexicano.

Este suceso ocurre tras la misteriosa desaparición de la escena pública de otros altos funcionarios, incluido el anterior ministro de Defensa, lo que refuerza la tesis de una limpieza interna profunda. Mientras Pekín mantiene el hermetismo sobre el paradero y el estatus legal de estos nueve generales, la comunidad internacional observa con cautela cómo Xi Jinping redefine la estructura de mando de la segunda potencia militar más grande del mundo.