Las drones nuevas mulas del narcotráfico operan principalmente en zonas fronterizas utilizando dispositivos ligeros para mover sustancias ilegales de forma indetectable por los radares convencionales. Un reciente reporte de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) de la ONU confirma que el uso de estas aeronaves no tripuladas ha crecido debido a la facilidad para transportar cargas de bajo peso, como el fentanilo o la metanfetamina. El informe señala que la tecnología de consumo masivo ha permitido a los grupos criminales profesionalizar el trasiego a baja altura sin arriesgar personal humano en los cruces.

El organismo internacional alerta que el crimen organizado ha perfeccionado el trasiego mediante tecnología que antes era meramente recreativa. Según el documento, la miniaturización de los componentes y el aumento en la autonomía de vuelo permiten que los cargamentos crucen muros y puestos de control de manera quirúrgica. Mientras las autoridades han detectado diversos casos de estos vuelos ilícitos, el volumen total de estas operaciones sigue siendo una cifra negra que los gobiernos de la región intentan cuantificar con urgencia para implementar contramedidas efectivas. (Lee también: Por qué integran mujeres al grupo Blonae y cómo cambia la seguridad.)
En México, esta tendencia se concentra en los estados fronterizos del norte, donde los drones se han convertido en herramientas tácticas para entregas rápidas en puntos ciegos de la vigilancia. Esta problemática no es exclusiva de Norteamérica; en España y diversos países de Latinoamérica, la detección de narcodrones en prisiones y cruces marítimos ha obligado a las fuerzas de seguridad a invertir en inhibidores de señal. La capacidad de estos aparatos para aterrizar en espacios reducidos los hace ideales para burlar perímetros de alta seguridad en ambos continentes. (Lee también: Lo que nadie te dijo sobre la investigación de la FGR en las cabañas del CJNG.)
El desafío para las autoridades radica en la dificultad de rastrear a los operadores, quienes suelen encontrarse a kilómetros de distancia del punto de entrega. Mientras la ONU pide una regulación más estricta sobre la venta de drones de largo alcance y mayor capacidad de carga, expertos en seguridad sugieren que la tecnología de los carteles avanza más rápido que la legislación. Queda pendiente confirmar qué nuevas medidas de defensa aérea de baja cota adoptarán los países afectados para frenar este despliegue tecnológico en los próximos meses. (Lee también: Por qué el giro económico en Colombia afecta tu bolsillo en México.)
Actualmente se investiga si estos drones están siendo modificados con sistemas de navegación satelital que les permitan operar de forma autónoma sin necesidad de un piloto en tiempo real. Aunque algunos decomisos han revelado el uso de tecnología GPS avanzada, las autoridades aún trabajan para determinar el alcance real de estas redes de distribución tecnológica. Por ahora, el monitoreo constante de frecuencias de radio es la principal herramienta de detección en los puntos críticos identificados por el reporte.




