La lluvia provoca la marcha de seguridad en las líneas 3, 4, 5, 8 y B del Metro de la Ciudad de México este miércoles por la tarde, generando retrasos significativos para miles de usuarios. El Sistema de Transporte Colectivo activó el protocolo de reducción de velocidad de forma preventiva debido a las tormentas, granizo y actividad eléctrica registradas en al menos siete alcaldías de la capital. Esta medida busca garantizar la seguridad operativa de los trenes ante las condiciones de adherencia en las vías.
El impacto en la movilidad comenzó tras el reporte oficial de chubascos persistentes, afectando no solo el avance de las unidades sino también la logística de transbordos en estaciones de alta afluencia. Este tipo de crisis en la infraestructura masiva es monitoreado con atención en otras grandes metrópolis de Latinoamérica y España, como Madrid o Bogotá, donde eventos climatológicos similares obligan a protocolos de emergencia que alteran el flujo laboral y comercial de los centros urbanos.
En la Línea 3 la situación se tornó crítica debido a que, de forma adicional a los efectos del clima, se reportó que una persona ajena al sistema descendió a la zona de vías. Este suceso obligó a un corte de energía inmediato y detuvo la circulación por completo durante varios minutos, provocando una saturación extrema en los andenes de las estaciones que conectan con el norte y sur de la ciudad.
Se recomienda a los usuarios anticipar sus traslados y tomar rutas alternas, ya que se prevé que las condiciones de mal tiempo persistan durante el resto de la noche de este miércoles en gran parte del Valle de México. El personal del Metro se mantiene en alerta para retirar el lodo o basura que las corrientes de agua puedan arrastrar hacia las zonas de rodamiento, mientras que el restablecimiento de la velocidad comercial normal está sujeto a la mejora del clima.
Este evento subraya la fragilidad del transporte público ante fenómenos hidrometeorológicos y pone a prueba la capacidad de respuesta de las autoridades capitalinas. La falta de incidentes mayores es el objetivo principal del protocolo de marcha lenta, aunque el costo social se traduce en horas de retraso para la población que busca regresar a sus hogares tras la jornada laboral.






