En un avance que podría transformar el panorama de la medicina preventiva para los adultos mayores, una serie de estudios recientes sugiere que la protección contra el herpes zóster —conocido popularmente en México como 'culebrilla'— tiene un efecto secundario inesperado y altamente beneficioso: la reducción significativa del riesgo de desarrollar demencia y enfermedad de Alzheimer.

De acuerdo con información publicada recientemente por el portal especializado Ars Technica, los últimos datos analizados refuerzan la hipótesis de que la vacunación no solo previene las dolorosas erupciones cutáneas y complicaciones nerviosas asociadas con el virus de la varicela-zóster, sino que también protege la salud cognitiva a largo plazo. Según los investigadores, los indicios de protección observados hasta ahora podrían ser apenas la superficie, sugiriendo que el impacto real podría ser incluso mayor a lo reportado en estimaciones previas.

En México, donde el envejecimiento poblacional ha posicionado a las demencias como un desafío creciente para el sistema de salud pública, este hallazgo cobra una relevancia estratégica. Se estima que en el país más de 1.3 millones de personas viven con algún tipo de demencia, cifra que se espera aumente drásticamente en las próximas décadas. El uso de vacunas ya existentes, como el biológico contra el herpes zóster, podría representar una intervención costo-efectiva y de bajo riesgo.

Aunque el mecanismo exacto por el cual la vacuna ayuda a prevenir el deterioro cognitivo aún está bajo investigación, los científicos barajan dos teorías principales. La primera sugiere que el virus del herpes zóster podría jugar un papel directo en la inflamación cerebral que precede al Alzheimer. La segunda propone que, al evitar infecciones virales graves, se reduce la carga inflamatoria sistémica que acelera el daño neuronal.

Expertos en salud en México señalan que, si bien la vacuna contra el herpes zóster está disponible en el sector privado y en ciertas instituciones de salud, su aplicación aún no es masiva. Estos nuevos datos podrían incentivar a las autoridades sanitarias a reconsiderar los esquemas de vacunación para adultos mayores, priorizando este biológico no solo por sus beneficios dermatológicos, sino como una defensa robusta contra el avance silencioso de la demencia. Por ahora, la comunidad científica internacional permanece atenta a los resultados de ensayos clínicos de largo alcance que podrían confirmar de manera definitiva este vínculo.