En un giro inesperado que sacude al sector de la tecnología avanzada, el Departamento de Defensa de los Estados Unidos ha iniciado los trámites para designar a la empresa de inteligencia artificial Anthropic como un riesgo para la cadena de suministro. Estos pentagon moves se dan tras una postura contundente de la presidencia, que ha manifestado públicamente su rechazo a mantener vínculos con la firma. "No lo necesitamos, no lo queremos y no volveremos a hacer negocios con ellos", sentenció el mandatario en una publicación reciente.
Para el contexto del público en México, es importante destacar que Anthropic es la empresa creadora de Claude, uno de los modelos de inteligencia artificial más avanzados y el principal competidor de ChatGPT (OpenAI). Aunque la compañía se ha posicionado como una alternativa enfocada en la seguridad y la ética, estas nuevas medidas del Pentágono sugieren que existen preocupaciones profundas sobre el origen de sus inversiones o la vulnerabilidad de su infraestructura tecnológica ante actores externos.
¿Por qué importa esta designación? Cuando el Pentágono etiqueta a una entidad como riesgo para la cadena de suministro, se activa un protocolo que prohíbe a cualquier agencia gubernamental o contratista militar utilizar sus servicios o productos. Esto no solo afecta los ingresos de la empresa, sino que envía una señal de alerta a los mercados globales y a otras naciones aliadas sobre la confiabilidad de dicha tecnología en entornos críticos.
El núcleo del conflicto parece residir en la soberanía tecnológica. En un momento donde la inteligencia artificial se ha convertido en el nuevo campo de batalla de la seguridad nacional, el gobierno estadounidense busca blindar sus sistemas de cualquier herramienta que no cumpla con sus estándares de escrutinio. La declaración presidencial deja claro que la relación comercial está fracturada de manera definitiva.
Lo que sigue para Anthropic es un periodo de incertidumbre legal y comercial. Si la designación se formaliza, la empresa podría enfrentar dificultades para operar en mercados regulados y ver limitada su capacidad de expansión internacional. Por ahora, la industria tecnológica observa con cautela cómo estas decisiones políticas reconfiguran el mapa de la innovación y la seguridad en el siglo XXI.

