La modernización del arsenal nuclear estadounidense ha alcanzado un punto crítico de contradicción técnica. El desarrollo del nuevo force icbm, conocido formalmente como el misil LGM-35A Sentinel, se encuentra prácticamente listo para realizar sus primeras pruebas de vuelo; sin embargo, la Fuerza Aérea de los Estados Unidos ha admitido que no cuenta con la infraestructura necesaria para alojar estas potentes armas en tierra firme. Esta desconexión entre el avance del proyectil y sus bases de lanzamiento pone en duda la eficiencia de la renovación de la tríada nuclear.
El problema central radica en una planeación que subestimó la complejidad de las obras civiles. Según declaraciones recientes de altos mandos, el proyecto enfrenta las consecuencias de haber confiado en proyecciones optimistas que no se materializaron. "Hubo supuestos que se hicieron en la estrategia que, obviamente, no llegaron a concretarse", afirmaron fuentes vinculadas al programa. Lo que hoy se sabe de forma novedosa es que, mientras la tecnología del misil ha avanzado bajo la dirección de la empresa de defensa Northrop Grumman, los silos y los centros de mando subterráneos se encuentran en una fase de estancamiento por costos excedidos y falta de materiales.
Para los lectores en México y la región, es fundamental entender que este programa, operado por Northrop Grumman (una de las compañías aeroespaciales y de defensa más grandes del mundo), busca reemplazar a los antiguos misiles Minuteman III, que han estado en servicio desde la década de los 70. La falta de silos para el nuevo force icbm no es solo un problema de construcción, sino un riesgo de seguridad internacional, ya que el retraso obliga a mantener operativos sistemas obsoletos con un costo de mantenimiento astronómico.
Actualmente, queda por confirmar cómo el Pentágono reasignará el presupuesto para acelerar la construcción de la infraestructura. El Departamento de Defensa todavía debe presentar un informe detallado al Congreso de EE. UU. para justificar los sobrecostos que superan el 37% de lo planeado originalmente. Aunque el misil pueda despegar en las próximas pruebas, su implementación real podría tardar años más de lo previsto, dejando a la fuerza de disuasión terrestre en un limbo logístico.

