En un movimiento que redefine la relación entre Silicon Valley y las fuerzas armadas estadounidenses, la organización OpenAI reaches un histórico acuerdo con el Departamento de Defensa de los Estados Unidos. Esta alianza estratégica se consolida en un momento de alta tensión política y tecnológica, posicionando a la empresa dirigida por Sam Altman como el principal proveedor de soluciones de inteligencia artificial para el Pentágono, desplazando a competidores directos en el ecosistema de la seguridad nacional.
El anuncio de este pacto se produce apenas unas horas después de que el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, emitiera una orden ejecutiva dirigida a todas las agencias federales. El mandato ordena el cese inmediato del uso de cualquier tecnología desarrollada por Anthropic, una de las firmas competidoras más importantes de OpenAI y creadora del modelo Claude. Esta decisión del Ejecutivo ha despejado el camino para que OpenAI consolide su influencia en la administración pública, marcando un precedente en la asignación de contratos gubernamentales de alta tecnología.
Para los lectores en México y América Latina, es fundamental entender el contexto de esta rivalidad: Anthropic fue fundada por ex-empleados de OpenAI que buscaban un enfoque de IA más orientado a la seguridad ética. Sin embargo, este nuevo alineamiento con el Departamento de Defensa sugiere que OpenAI ha logrado convencer a los tomadores de decisiones en Washington sobre la robustez y soberanía de sus sistemas en comparación con sus rivales.
Lo que es nuevo hoy es la confirmación oficial del vínculo contractual con el sector defensa tras la abrupta salida de Anthropic del panorama federal. Anteriormente, existían pláticas exploratorias, pero el veto directo de Trump a su competencia ha acelerado la firma del acuerdo. No obstante, aún falta por confirmar el monto total de la inversión gubernamental en este contrato y los términos específicos sobre si se utilizará para tareas logísticas, de ciberseguridad o en aplicaciones tácticas de campo.
Este desarrollo subraya una tendencia creciente donde el gobierno de EE. UU. busca centralizar sus recursos de inteligencia artificial en unos pocos actores clave, lo que podría tener repercusiones en la innovación y la competencia del mercado global de IA.


