Las autoridades de seguridad en Estados Unidos han puesto en marcha una renovada estrategia de inteligencia dirigida a desmantelar de manera integral al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), una de las organizaciones criminales con mayor presencia en territorio mexicano. Según informes recientes derivados de la cooperación binacional, la Administración para el Control de Drogas (DEA) ha enfatizado que la captura o eliminación de los líderes visibles de la organización ya no es el único objetivo prioritario, sino el desmantelamiento total de sus redes operativas y financieras en ambos lados de la frontera.

Bajo esta premisa, la Fuerza de Tarea Conjunta Interagencial (JIATF-CC) se encuentra procesando información detallada sobre los mandos regionales, operadores financieros y las diversas células activas que integran al grupo criminal. Fuentes del Departamento de Justicia (DoJ) han señalado que existe un conocimiento profundo sobre el comportamiento y la operatividad del cártel en la actualidad. "Sabemos quiénes son y dónde están", aseguró un portavoz de la dependencia estadounidense, subrayando que la vigilancia se ha extendido a cada eslabón de la cadena delictiva para evitar que el reemplazo de cabecillas permita la supervivencia de la red.

Por su parte, la Oficina Federal de Investigación (FBI) mantiene abiertas diversas líneas de investigación centradas específicamente en las operaciones dentro de territorio estadounidense. Estas indagatorias se enfocan particularmente en tres pilares fundamentales: el lavado de dinero, el tráfico de armas de alto poder hacia México y las redes logísticas que facilitan la distribución de estupefacientes. El objetivo central de estas pesquisas es asfixiar las finanzas del grupo, atacando directamente las estructuras que permiten el blanqueo de activos y la adquisición de armamento que nutre la violencia en las regiones donde operan.

Esta ofensiva representa un paso significativo en la agenda de seguridad compartida. Mientras la DEA y el DoJ monitorean los movimientos tácticos en el terreno, el FBI busca interceptar el flujo de recursos que sostiene la capacidad operativa del cártel. La estrategia refleja una evolución en la lucha contra el narcotráfico, pasando del antiguo modelo centrado en objetivos individuales a una guerra de desgaste contra toda la infraestructura logística y financiera de la organización criminal.