En una actualización estratégica de gran calado, la nasa reestructura su ambicioso programa Artemis para priorizar la seguridad operativa y la viabilidad técnica antes de llevar seres humanos de vuelta a la superficie lunar. Este ajuste, confirmado tras evaluaciones internas, implica la incorporación de una misión de prueba adicional en 2027. Dicha misión será fundamental para demostrar, en la órbita terrestre baja, el complejo procedimiento de acoplamiento entre la nave Orion y los módulos de aterrizaje (HLS), un paso técnico que hoy se considera esencial para reducir riesgos.

Lo que hoy trasciende como novedad es que el primer alunizaje tripulado estadounidense, que no ocurre desde la misión Apolo 17 en 1972, ya no se vislumbra para el corto plazo, sino que se ha pospuesto formalmente hasta 2028. Según los nuevos lineamientos de la agencia, ese año se convertirá en un periodo crítico para la exploración espacial con dos intentos de alunizaje previstos bajo las misiones Artemis IV y Artemis V. Esta decisión responde no solo a los obstáculos técnicos en el desarrollo de los sistemas de aterrizaje, sino también a la creciente presión competitiva de la agencia espacial china, que mantiene sus propios planes de exploración lunar.

Para México, este anuncio tiene una relevancia directa. Como país firmante de los Acuerdos de Artemis desde 2021, la participación de científicos mexicanos y de la Agencia Espacial Mexicana (AEM) en futuros experimentos y colaboraciones científicas depende de la estabilidad de este calendario. Los retrasos obligan a las instituciones académicas nacionales a recalibrar sus tiempos de investigación y desarrollo de tecnología satelital o de instrumentación que podría viajar en misiones posteriores.

Aunque el esquema general ha sido trazado, todavía falta por confirmar el presupuesto detallado que el Congreso estadounidense asignará para esta misión adicional de 2027. Asimismo, las fechas exactas de lanzamiento dentro de los años mencionados siguen en desarrollo, pues dependen del progreso de proveedores privados clave como SpaceX y Blue Origin. La NASA ha dejado claro que, aunque la meta de 2028 es firme, el éxito de la prueba orbital de 2027 será el factor determinante para dar luz verde definitiva al regreso de la humanidad a la Luna.