La Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) anunció un cambio significativo en su cronograma de exploración espacial. Durante una conferencia de prensa realizada este viernes, se confirmó que la NASA is pushing su ambicioso objetivo de volver a pisar la superficie lunar, postergando el primer aterrizaje tripulado hasta la misión Artemis IV, programada para el año 2028.
Originalmente, la misión Artemis III, prevista para 2027, tenía la tarea histórica de llevar a la primera mujer y a la primera persona de color a la superficie de la Luna. Sin embargo, bajo el nuevo esquema, este vuelo se transformará en una misión de prueba integral sin descenso. La agencia espacial estadounidense explicó que este ajuste busca garantizar la seguridad del personal y perfeccionar las tecnologías necesarias antes del descenso final.
¿Por qué cambió el calendario?
La reestructuración del programa Artemisa no es una decisión aislada. Este movimiento ocurre tras la publicación de un informe crítico del Panel Consultivo de Seguridad Aeroespacial (ASAP) de la NASA a principios de este mes. El documento destacó riesgos de seguridad considerables que debían abordarse antes de comprometerse con un aterrizaje en 2027. La prioridad de la agencia es mitigar cualquier falla potencial en los sistemas de soporte vital y en el módulo de descenso.
A pesar del retraso en el objetivo principal, la agencia planea "aumentar la cadencia de sus misiones". Esto incluye la adición de un segundo vuelo de prueba en 2027 y el ambicioso objetivo de realizar al menos un aterrizaje en la superficie lunar cada año a partir de 2028, comenzando formalmente con la misión Artemis IV.
Impacto para la exploración espacial
Para México, país que es signatario de los Acuerdos de Artemisa desde 2021, estos cambios subrayan la complejidad de la logística aeroespacial moderna. La colaboración con socios internacionales y empresas privadas sigue siendo el pilar de este proyecto, que busca establecer una presencia humana sostenible en nuestro satélite natural.
Este ajuste de planes demuestra que, aunque la urgencia por volver a la Luna es palpable, la NASA prefiere una estrategia de pasos firmes y seguros para evitar incidentes. Por ahora, el mundo deberá esperar hasta finales de la década para ver a un ser humano caminar nuevamente sobre el polvo lunar.



