Antonio Tejero Molina, el ex teniente coronel de la Guardia Civil y figura central del fallido golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 en España, falleció este día a la edad de 93 años. Su deceso ocurre en una fecha de profunda carga histórica, coincidiendo con la decisión del gobierno español de desclasificar documentos reservados relacionados con aquella jornada que marcó el destino de la democracia ibérica.

Tejero es mundialmente reconocido por la icónica y tensa imagen captada por las cámaras de televisión el 23-F. Aquel día, el militar irrumpió en el Congreso de los Diputados en Madrid, pistola en mano y portando su característico tricornio, mientras se realizaba la votación para la investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo. Su grito de "¡Quieto todo el mundo!" se convirtió en el eco de un intento violento por restaurar el régimen autoritario que había dominado España bajo el mando del dictador Francisco Franco hasta su muerte en 1975.

El intento de asonada militar provocó un clima de terror e incertidumbre en la sociedad española, ante el temor generalizado de que el fascismo franquista recuperara el control del país. Sin embargo, la movilización institucional y el rechazo explícito del entonces rey Juan Carlos I, quien desautorizó el golpe en un mensaje televisado a la nación, fueron determinantes para el fracaso de la insurrección. Tras los hechos, Tejero fue juzgado y condenado a 30 años de prisión por rebelión militar, de los cuales cumplió 15, obteniendo su libertad condicional en 1996.

Para el lector en México, la figura de Antonio Tejero es recordada como el símbolo de la fragilidad de las transiciones políticas. Su acción representó el último gran desafío armado contra la naciente democracia española, un proceso que fue observado de cerca en toda Iberoamérica como un referente de cambio institucional y superación de regímenes militares.

La coincidencia de su fallecimiento con la apertura de los archivos oficiales sobre el golpe añade un matiz de cierre histórico necesario. La desclasificación de estos documentos busca arrojar luz sobre las redes de apoyo y las omisiones que permitieron que un grupo de militares tomara el recinto legislativo, un evento que aún genera debates sobre la memoria histórica. Con la partida de Tejero, desaparece uno de los últimos protagonistas directos de uno de los momentos más críticos del siglo XX europeo.