La Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) ha dado un giro estratégico en su hoja de ruta para el regreso del ser humano a la superficie lunar. Bajo la premisa que la nasa pushes dentro de su planificación logística, el próximo gran hito de alunizaje tripulado parece estar encontrando un nuevo puerto en la misión Artemis IV. Esta decisión surge principalmente de la necesidad de reformar el ciclo de lanzamientos del Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS, por sus siglas en inglés).
El SLS es el pilar tecnológico de la agencia estadounidense, diseñado para ser el cohete más potente jamás construido. Sin embargo, su desarrollo ha estado plagado de complicaciones técnicas y presupuestarias que han derivado en retrasos de varios años. Lo que hoy es noticia es el cambio de enfoque: la NASA ya no solo busca llegar a la Luna, sino detener la racha de aplazamientos crónicos que han afectado la credibilidad y el presupuesto del programa Artemisa.
Hasta ahora, se sabía que Artemis II realizaría un sobrevuelo lunar tripulado y que Artemis III sería la misión encargada de poner nuevamente botas humanas en el polo sur de la Luna. No obstante, las nuevas directrices sugieren que para garantizar una cadencia de lanzamientos sostenible y segura, Artemis IV se perfila como la misión donde la infraestructura —incluyendo la estación Gateway— estará lo suficientemente madura para evitar las interrupciones que han detenido el progreso en el pasado.
Para México y la comunidad científica internacional, este ajuste es relevante dado que la Agencia Espacial Mexicana (AEM) forma parte de los Acuerdos de Artemisa. Cualquier retraso en la logística de la NASA impacta directamente en los experimentos y proyectos de colaboración que países aliados tienen planeados para el futuro cercano en la órbita lunar.
Lo que falta por confirmar es la fecha exacta en la que el hardware de Artemis IV estará listo para su ensamblaje final. Aunque la intención de la agencia es acelerar los procesos, la complejidad del sistema de propulsión y los protocolos de seguridad para misiones tripuladas siguen siendo el mayor desafío. Por ahora, el enfoque se mantiene en optimizar la producción del SLS para que el espacio de tiempo entre misiones sea predecible y no dependa de soluciones de último minuto.


