En un entorno marcado por la incertidumbre financiera internacional, el Gobierno de México reafirmó la estabilidad de las finanzas públicas nacionales. Rogelio Ramírez de la O, titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), destacó que la economía mexicana ha mostrado una notable capacidad de adaptación, impulsada principalmente por la fortaleza del mercado interno y el dinamismo sostenido de las exportaciones, factores que han servido como amortiguadores frente a los choques externos.
Según el funcionario federal, la estrategia económica actual ha permitido que México navegue con éxito frente a la volatilidad de los mercados globales. La resiliencia en el consumo privado se ha convertido en un motor fundamental del crecimiento, sustentado por los niveles históricos de empleo y el flujo constante de remesas. No obstante, este optimismo institucional se ve matizado por las recientes observaciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que ha puesto la lupa sobre los desafíos estructurales de la nación.
El organismo internacional ha hecho un llamado urgente a las autoridades mexicanas para implementar medidas que reduzcan el déficit fiscal de manera gradual pero decidida. Para la OCDE, si bien la deuda pública se mantiene en niveles manejables en comparación con otras economías emergentes, es imperativo fortalecer la base recaudatoria y optimizar el gasto público para garantizar la sostenibilidad financiera a largo plazo. La organización advierte que un déficit elevado de forma persistente podría comprometer la calificación crediticia del país y elevar los costos de financiamiento en el futuro cercano.
Asimismo, el informe de la OCDE subrayó la importancia de impulsar reformas que eleven la competitividad de México en el escenario global. En un contexto de relocalización de cadenas de suministro, fenómeno conocido como nearshoring, el país se encuentra en una posición privilegiada para atraer capitales extranjeros. Sin embargo, para capitalizar plenamente esta oportunidad, se requiere de una infraestructura energética confiable, certidumbre jurídica para las inversiones y una mejora sustancial en la productividad laboral.
El gran reto para la administración federal será encontrar un punto de equilibrio entre la continuidad de la política social y la inversión en proyectos estratégicos, sin descuidar la disciplina fiscal que ha sido el sello de la estabilidad macroeconómica mexicana. La coordinación entre la política monetaria y las decisiones presupuestarias será determinante para mantener la inflación bajo control y asegurar un crecimiento económico inclusivo frente a un panorama global que no deja de presentar desafíos.
