En un hito para la economía nacional, la pobreza laboral en México ha registrado su nivel más bajo desde que se tiene registro. De acuerdo con los indicadores más recientes del sector, la proporción de la población que no puede adquirir la canasta alimentaria básica con el ingreso proveniente de su trabajo ha mostrado una reducción significativa, impulsada primordialmente por la robustez de los sectores industriales y una mejora sustancial en las remuneraciones económicas.
Los estados de Querétaro y Aguascalientes se han posicionado como los principales protagonistas de esta transformación social y económica. Ambas entidades, caracterizadas por sus economías altamente industrializadas y su fuerte vinculación con las cadenas de suministro globales, lograron las mayores reducciones en los índices de pobreza laboral durante el transcurso de 2025. Analistas económicos coinciden en que este fenómeno es el resultado directo de una recuperación sostenida en el ingreso real de los trabajadores, permitiendo que el poder adquisitivo supere los costos de la canasta básica.
La expansión de sectores estratégicos, como el automotriz y el aeroespacial en la zona del Bajío, ha permitido que los salarios en estas regiones no solo se mantengan estables, sino que crezcan a un ritmo superior al de la inflación. Este escenario ha facilitado que miles de familias mexicanas logren salir de la condición de precariedad en la que se encontraban tras los retos económicos de años anteriores. El fortalecimiento del mercado interno y la llegada de nuevas inversiones bajo el modelo de relocalización de empresas han sido factores determinantes para consolidar esta tendencia a la baja.
A nivel nacional, la recuperación del poder adquisitivo se percibe como el motor principal detrás de estas cifras históricas. Especialistas del sector financiero señalan que, aunque el desafío persiste en otras regiones del país con menor vocación industrial, el modelo implementado en estos estados ofrece una hoja de ruta clara sobre la importancia de la productividad y la inversión técnica para abatir la pobreza. La reducción observada no solo implica un avance en las estadísticas gubernamentales, sino una mejora tangible en la calidad de vida de los hogares que ahora cuentan con mayores certezas económicas.
A pesar de este avance sin precedentes, el panorama para el cierre de 2025 sugiere que el enfoque de las políticas públicas deberá mantenerse en la formalización del empleo y en garantizar que el crecimiento salarial continúe protegiendo el bolsillo de los ciudadanos. Por ahora, el país celebra una cifra que coloca a la industria y al ingreso laboral como los pilares fundamentales de la estabilidad social en el México contemporáneo.


