México se sitúa en una posición crítica dentro del panorama internacional respecto al manejo de la obesidad. De acuerdo con el reciente informe "Una epidemia de inacción: evaluando las respuestas nacionales a la obesidad", elaborado por Economist Impact, el país ocupa el puesto 11 entre 20 naciones evaluadas, logrando una puntuación general de apenas 55.3 sobre 100.
Los resultados, presentados este miércoles en el marco del Día Mundial de la Obesidad, detallan que la calificación de cada nación se basa en cuatro pilares fundamentales: política y gobernanza, manejo de la enfermedad, calidad y acceso a los alimentos, y promoción de la actividad física. En el rubro específico de manejo de la obesidad, México alcanzó los 61.1 puntos, una cifra que refleja la existencia de guías clínicas vigentes y rutas de diagnóstico establecidas en el sistema de salud, aunque su implementación efectiva sigue bajo escrutinio.
En la comparativa internacional, México se encuentra rezagado frente a naciones como Serbia, que encabeza la lista con 74.8 puntos, seguida de Francia (74.3) y Brasil (72.4), este último destacando como el país latinoamericano con mejor respuesta. Otros países con mejores indicadores que el territorio mexicano incluyen a Corea del Sur, Finlandia, Reino Unido, China y Australia, dejando a la administración nacional con retos pendientes en la materia.
Durante el conversatorio "La obesidad: Un laberinto con salida", realizado en la Ciudad de México y organizado por la farmacéutica Lilly, especialistas del sector médico recalcaron que esta condición debe dejar de ser estigmatizada. Los expertos subrayaron que la obesidad es una enfermedad crónica y multicausal, derivada de una compleja interacción de factores biológicos, genéticos y ambientales, desmitificando la idea de que se trata únicamente de una cuestión de voluntad, falta de disciplina o simples aspectos estéticos.
El reporte de Economist Impact lanza una advertencia sobre la "inacción" global ante este problema de salud pública. Para el contexto mexicano, esto representa un llamado urgente a las autoridades para fortalecer las políticas públicas y asegurar que el acceso a tratamientos integrales sea una realidad para la población. El diagnóstico existe, pero el reto permanece en derribar los muros de un laberinto médico y social que durante décadas ha tratado la obesidad de forma fragmentada y superficial.



