La conmemoración de los 30 años de la masacre de Dunblane ha reabierto las heridas de una comunidad que nunca olvidó aquel fatídico día de 1996. El relato de los sobrevivientes describe escenas de terror absoluto, donde un group children de apenas cinco años fue blanco de un ataque sin precedentes en una escuela primaria de Escocia. A pesar del tiempo transcurrido, las preguntas sobre la seguridad y el impacto psicológico de la tragedia siguen atormentando a los deudos y a quienes lograron escapar con vida de aquel gimnasio escolar.

Eileen Harrild, quien en ese entonces se desempeñaba como maestra de Educación Física, recuerda con nitidez el momento exacto en que los disparos interrumpieron la rutina escolar. Se encontraba rodeada de pequeños estudiantes vestidos con camisetas blancas y pantalones cortos, quienes estaban emocionados por iniciar su primera clase del día. En un acto de valentía desesperada, la docente intentó proteger a sus alumnos mientras un hombre armado ingresaba al recinto disparando de manera indiscriminada. El saldo fue devastador: 16 niños y su profesora, Gwen Mayor, perdieron la vida en cuestión de minutos.

Para el público mexicano, es fundamental contextualizar que la tragedia de Dunblane no es solo un hecho histórico en la cronología criminal británica; fue el catalizador de uno de los controles de armas más estrictos del mundo. Tras la masacre perpetrada por Thomas Hamilton, el gobierno del Reino Unido prohibió la propiedad privada de casi todas las pistolas, una medida drástica que buscaba garantizar que ningún otro group children en suelo británico sufriera un destino similar. Esta política sigue siendo un referente internacional en el debate sobre la seguridad pública y el acceso a armamento.

Lo que surge como una nueva perspectiva en esta conmemoración es el testimonio de los ahora adultos que, en 1996, eran apenas infantes en ese gimnasio. Sus relatos revelan que el trauma no ha prescrito y que la sociedad aún tiene pendiente profundizar en los apoyos psicológicos de largo plazo para las víctimas de violencia armada. Aunque los hechos materiales del ataque están plenamente confirmados por las investigaciones oficiales de la época, la transparencia en torno a ciertos archivos policiales que permanecen sellados sigue siendo un tema de debate y exigencia por parte de algunas familias afectadas.

Hoy, el aniversario de Dunblane no solo sirve para honrar la memoria de quienes se fueron, sino para reflexionar sobre la fragilidad de la seguridad en espacios educativos. La figura de la maestra ejecutada mientras protegía a sus alumnos permanece como un símbolo de heroísmo, mientras que los sobrevivientes continúan lidiando con la pregunta que los ha atormentado por tres décadas: ¿por qué aquel group children tuvo que enfrentar tal nivel de barbarie en el lugar donde deberían haber estado más seguros?