En un cambio de rutina que ha capturado la atención de los observadores de la casa real británica, los amados corgis que pertenecieron a la Reina Isabel II han sido vistos realizando sus caminatas diarias en los terrenos de Sandringham, pero esta vez bajo el cuidado exclusivo del personal de la corona. Esta situación se produce inmediatamente después de que trascendiera la noticia sobre el arresto de Andrés Mountbatten-Windsor, el Príncipe Andrés, quien era el responsable legal de los animales.
Los canes, que formaban parte del círculo más íntimo de la monarca hasta sus últimos días, fueron confiados personalmente por la Reina a su hijo Andrés durante sus momentos finales. Sin embargo, la estampa actual de los animales siendo paseados por trabajadores domésticos en lugar de por un miembro de la familia real subraya la caída en desgracia del príncipe, quien ha pasado de ser un residente activo en Windsor a encontrarse en una posición legal y social sumamente comprometida.
El grupo de canes no solo incluye a los dos famosos corgis de la Reina, sino también a los propios ejemplares de la raza Norfolk terrier que pertenecen al príncipe. Según fuentes cercanas al entorno de la familia real, este conjunto de perros solía recibir salidas regulares y paseos constantes de la mano de su dueño cuando este residía en Windsor. No obstante, las recientes circunstancias judiciales han obligado a que el personal de la finca de Sandringham tome las riendas de estas actividades para garantizar el bienestar de los animales.
Para el público mexicano y la comunidad internacional, los corgis de Isabel II representan uno de los símbolos más entrañables de su reinado. Durante décadas, la imagen de la soberana acompañada de sus perros fue una constante en la cultura popular. Que ahora estos animales se vean involucrados indirectamente en el escándalo que rodea al Príncipe Andrés —duque de York y tercer hijo de la fallecida reina— añade una capa de melancolía a la situación de la monarquía británica.
El Príncipe Andrés ha estado en el centro del escrutinio público en los últimos años debido a sus vínculos con figuras polémicas y diversos procesos legales que han resultado en la pérdida de sus títulos militares y patrocinios reales. Este último desarrollo, que lo aleja incluso del cuidado de las mascotas que le fueron encargadas como última voluntad de su madre, marca un nuevo punto crítico en su distanciamiento de las funciones y privilegios de la vida pública real.



