El príncipe Andrés, otrora figura central de la monarquía británica y actual duque de York, se encuentra nuevamente en el centro de un escándalo internacional tras la filtración de documentos clasificados. Según informes publicados originalmente por el diario Daily Mail, los servicios de inteligencia rusos habrían diseñado una estrategia para explotar la histórica rivalidad y el resentimiento que el príncipe mantiene hacia su hermano, el ahora rey Carlos III.

El plan del Kremlin, orquestado presuntamente sin el conocimiento directo del príncipe, buscaba utilizar su cercanía con el polémico financiero estadounidense Jeffrey Epstein como un caballo de Troya. De acuerdo con los informes secretos, los espías rusos identificaron en el círculo social de Andrés una oportunidad única para penetrar las altas esferas del 'establishment' británico y obtener acceso indirecto a información sensible del Estado.

Para los lectores en México, es importante recordar que el príncipe Andrés ha sido la figura más controvertida de la familia real en la última década. Sus nexos con Epstein —quien fue condenado por tráfico sexual de menores y se suicidó en una prisión de Nueva York en 2019— ya le habían costado su retiro de la vida pública y la desposesión de sus títulos militares. No obstante, esta nueva revelación añade una dimensión de seguridad nacional al caso, sugiriendo que sus vulnerabilidades personales y familiares fueron catalogadas como activos estratégicos por potencias extranjeras.

Los documentos detallan que los estrategas rusos pretendían capitalizar el 'odio de larga data' que el duque sentía por su hermano mayor. Al explotar estas tensiones internas, la inteligencia rusa buscaba desestabilizar la estructura de la corona en un momento de gran tensión geopolítica. El objetivo final era claro: debilitar la cohesión del Reino Unido desde su núcleo más íntimo.

Hasta el momento, ni el Palacio de Buckingham ni los representantes del duque de York han emitido comentarios oficiales sobre estas acusaciones. Este nuevo capítulo no solo complica la ya deteriorada imagen pública de Andrés, sino que plantea interrogantes críticos sobre cómo las disputas personales dentro de las casas reales pueden convertirse en brechas de seguridad explotadas por servicios de inteligencia globales.