En lo que se ha convertido en un choque frontal entre la preservación del pasado y la ambición tecnológica del futuro, un reconocido parque de dinosaurios con una antigüedad de 100 millones de años se encuentra bajo la amenaza inminente de desaparecer. La causa de esta indignación internacional es el plan para edificar un masivo centro de datos dedicado al desarrollo de inteligencia artificial (IA) sobre un terreno que custodia huellas fósiles invaluables.
Grupos de manifestantes y expertos en paleontología han alzado la voz para advertir que el sitio, considerado un baluarte del patrimonio natural, podría ser destruido para siempre si los planes de construcción proceden según lo previsto. El parque es célebre por albergar rastros directos de animales antiguos que caminaron por la Tierra durante el periodo Cretácico. Estas huellas no solo son un atractivo turístico, sino una herramienta científica crucial para comprender la biodiversidad y el comportamiento de especies extintas.
La controversia estalla en un momento en que las empresas tecnológicas buscan expandir su infraestructura de procesamiento a una velocidad sin precedentes. Los centros de datos de inteligencia artificial son instalaciones que albergan miles de servidores de alta potencia, los cuales requieren no solo un espacio físico extenso, sino también una compleja red de servicios que suele entrar en conflicto con la conservación de suelos protegidos. En este caso, el llamado "progreso" digital parece estar a punto de borrar físicamente la historia biológica del planeta.
Para el contexto en México, donde la protección de zonas arqueológicas y paleontológicas ha sido frecuentemente un tema de debate nacional ante grandes proyectos de infraestructura, esta situación sirve como un recordatorio de los desafíos globales para equilibrar el desarrollo económico con la ética ambiental. La comunidad científica ha enfatizado que una vez que estas huellas sean removidas o cubiertas por capas de concreto y acero, el daño será irreversible, perdiéndose millones de años de historia natural en favor de una infraestructura que podría quedar obsoleta en apenas unas décadas.
Por ahora, el descontento social continúa escalando y la presión sobre los desarrolladores aumenta. Los activistas exigen de manera contundente que se busquen ubicaciones alternativas para el centro de datos que no comprometan la integridad de los depósitos fósiles. La batalla por la salvación de este parque de dinosaurios se ha convertido en un símbolo de la resistencia contra la expansión desmedida de la industria tecnológica, poniendo sobre la mesa la urgente pregunta de qué legado estamos dispuestos a sacrificar en nombre de la modernidad y la era digital.



