En lo que parece ser un reflejo de los tiempos inciertos que atraviesa la corona británica, los duques de Sussex, Harry y Meghan, han captado la atención internacional tras su reciente presencia en el Medio Oriente. Según informes recientes, el viaje de la pareja a la región de los Emiratos Árabes podría haber coincidido cronológicamente con la estancia de Sarah Ferguson, la anterior duquesa de York, quien también se encontraba en dicha zona.
Esta coincidencia geográfica ocurre en un momento de vulnerabilidad para la Casa de Windsor, la familia real británica, que actualmente enfrenta diversos desafíos de salud y crisis de relaciones públicas entre sus miembros principales. La columnista Jan Moir ha señalado que este desplazamiento de los Sussex —y la posibilidad de que guarden cierto regocijo ante las tribulaciones de la corona en Londres— representa un terreno sumamente peligroso para el matrimonio que actualmente reside en California.
Para el lector mexicano, es importante recordar que Sarah Ferguson, aunque ya no pertenece formalmente a la estructura activa de la monarquía, sigue siendo una figura pública relevante como exesposa del príncipe Andrés. Su presencia en los Emiratos, sumada a la de Harry y Meghan, subraya una fragmentación física y simbólica de los integrantes de la familia real. Mientras el núcleo de la monarquía intenta mantener la estabilidad en el Reino Unido, los miembros que se han distanciado parecen buscar nuevos horizontes en las potencias del Golfo.
Sin embargo, el análisis periodístico sugiere una advertencia clara: Harry y Meghan podrían estar cometiendo un error estratégico al mostrarse ajenos a las dificultades que enfrenta el Palacio de Buckingham. La noción de que los Sussex puedan sacar provecho mediático de los problemas de la institución que les otorgó sus títulos es vista como un riesgo que podría alienar definitivamente a la opinión pública internacional.
A medida que la Casa de Windsor intenta navegar estas aguas turbulentas, cada movimiento de sus integrantes en el extranjero es analizado bajo una lupa implacable. El distanciamiento emocional y geográfico entre las facciones de la familia real no solo alimenta el interés de la prensa, sino que plantea serios cuestionamientos sobre el futuro de la monarquía en el escenario global.



