En una movida que ha generado un notable revuelo en los círculos diplomáticos internacionales, los Duques de Sussex, el príncipe Harry y Meghan Markle, han sido objeto de un marcado desplante por parte de la monarquía jordana. Durante su reciente visita relámpago por Medio Oriente, la cual ha sido calificada por diversos observadores como una "gira pseudo-real", la pareja no logró concretar un encuentro con el Rey Abdalá II ni con su hijo mayor, el Príncipe Heredero Hussein.

Este rechazo diplomático cobra una relevancia especial debido a la histórica y estrecha relación que mantiene la familia real de Jordania con el Palacio de Buckingham. El Rey Abdalá II es conocido por su profundo vínculo personal y político con el Rey Carlos III y el Príncipe de Gales, Guillermo. El hecho de que los líderes jordanos decidieran evitar activamente una reunión con los Sussex es interpretado por expertos como un respaldo tácito a la línea oficial de la Corona británica, en medio de la fractura familiar que persiste desde que Harry y Meghan renunciaron a sus funciones reales en 2020.

Para el público en México, donde el seguimiento de la realeza británica es un tema recurrente en la prensa de sociedad y política internacional, este incidente resalta las dificultades que enfrenta la pareja para mantener su relevancia institucional. Aunque los Sussex residen actualmente en California y se han desvinculado de sus obligaciones oficiales, continúan realizando viajes al extranjero con una estética que imita las visitas de Estado. Sin embargo, lo ocurrido en Jordania subraya la distinción que los jefes de Estado extranjeros están haciendo entre los miembros activos de la monarquía y los duques en su capacidad privada.

La visita de Harry y Meghan por la región buscaba, en teoría, dar visibilidad a diversas causas sociales. No obstante, la ausencia de una recepción oficial por parte de las autoridades jordanas empaña la imagen que la pareja intenta proyectar de sí mismos como figuras globales de influencia diplomática. En términos de protocolo, evitar un encuentro de este tipo se considera una señal clara de distanciamiento, especialmente cuando existe una historia de amistad tan profunda entre las casas reales involucradas.

Hasta el momento, ni los representantes de los Duques de Sussex ni la corte real hachemita han emitido declaraciones oficiales sobre la agenda fallida. Sin embargo, el silencio de Ammán —la capital jordana— parece confirmar que, para los aliados tradicionales de la monarquía británica, la lealtad hacia el Rey Carlos III y el heredero al trono permanece intacta, dejando a Harry y Meghan en una posición de aislamiento diplomático.