Muchas personas en México enfrentan un dilema cotidiano: a pesar de mantener una higiene rigurosa y bañarse diariamente, su cabello luce opaco, apelmazado y con una apariencia oleosa apenas unas horas después del lavado. Este fenómeno, que afecta tanto a hombres como a mujeres, no siempre es señal de falta de limpieza, sino que suele ser consecuencia de una técnica de lavado inadecuada o el uso de productos que no corresponden a las necesidades específicas del cuero cabelludo.
De acuerdo con especialistas en dermatología, el exceso de sebo es una respuesta natural del organismo para proteger el cuero cabelludo. Sin embargo, factores ambientales comunes en el país, como la alta humedad en zonas costeras o la contaminación en metrópolis como la Ciudad de México, pueden disparar su producción. Para combatir este problema, el primer paso fundamental es la elección del champú. Es imperativo optar por fórmulas clarificantes o específicas para cabello graso que no contengan aceites pesados ni siliconas insolubles que se acumulen en la fibra capilar.
La técnica de lavado es, quizás, el factor más determinante para cambiar los resultados. Los profesionales recomiendan realizar un doble lavado durante la ducha. En la primera aplicación, el objetivo principal es remover la suciedad superficial, el polvo y los residuos de productos de estilizado. En la segunda aplicación, el champú debe masajearse suavemente con la yema de los dedos —nunca con las uñas para evitar lesiones— directamente en el cuero cabelludo durante al menos dos minutos. Este proceso permite que los activos del producto disuelvan eficazmente la grasa acumulada.
Otro error frecuente entre la población es el uso incorrecto del acondicionador o las mascarillas. Para quienes sufren de cabello graso, estos productos deben aplicarse exclusivamente de medios a puntas, evitando cualquier contacto con la raíz. Asimismo, la temperatura del agua juega un papel crucial: el agua muy caliente estimula las glándulas sebáceas, por lo que se recomienda utilizar agua tibia y realizar un último enjuague con agua fría para cerrar la cutícula y aportar un brillo natural.
Finalmente, es importante evitar tocarse el cabello constantemente a lo largo del día, ya que las manos transportan aceites y suciedad que se transfieren de inmediato a la melena. Si el problema persiste y se acompaña de irritación o descamación, lo más recomendable es consultar a un dermatólogo para descartar condiciones como la dermatitis seborreica, la cual requiere un enfoque clínico especializado.



