En una jornada marcada por la dualidad de la pólvora y el protocolo, la ciudad de Ginebra vuelve a posicionarse como el tablero central de la geopolítica mundial. Mientras varias ciudades ucranianas sufrieron una nueva y severa oleada de ataques rusos durante la madrugada, las delegaciones de Estados Unidos y Ucrania se preparan para una reunión de alto nivel con un objetivo ambicioso: unificar criterios y estrategias antes de entablar cualquier contacto formal con el gobierno de Moscú.
Este encuentro diplomático no es un evento aislado, sino la culminación de una serie de contactos previos entre el presidente estadounidense, Donald Trump, y su homólogo ucraniano, Volodímir Zelenski. Ambos mandatarios han buscado alinear sus visiones para asegurar que, en caso de concretarse un diálogo trilateral con Rusia, la posición de Kiev y Washington sea inquebrantable y coherente. La intención es clara: allanar el terreno para una salida negociada que no comprometa la estabilidad de la región.
Para México, el desarrollo de estas negociaciones en suelo suizo no es un tema ajeno. Como actor relevante en foros multilaterales y con una política exterior tradicionalmente inclinada hacia la solución pacífica de las controversias, el gobierno mexicano observa con atención este acercamiento. Una resolución en Europa del Este tendría repercusiones directas en la economía nacional, especialmente en la estabilización de los precios internacionales de los hidrocarburos y de los granos, sectores que han golpeado el bolsillo de los consumidores mexicanos desde el inicio del conflicto.
No obstante, el clima de la reunión es tenso. Los bombardeos registrados horas antes de la cita en Ginebra son interpretados por analistas internacionales como un mensaje de fuerza enviado desde el Kremlin. Esta presión militar busca debilitar la moral ucraniana y condicionar las mesas de diálogo. A pesar de ello, el equipo diplomático de Zelenski ha manifestado que la coordinación con la Casa Blanca es más sólida que nunca, buscando que cualquier acuerdo futuro respete la soberanía ucraniana.
El éxito de esta cumbre técnica en Ginebra determinará si el conflicto entra en una fase de desescalada o si, por el contrario, la retórica bélica seguirá dominando el panorama europeo. Por ahora, el mundo observa cómo la diplomacia intenta ganar terreno frente a la persistente sombra de la guerra.

