En el complejo escenario de la política europea actual, las palabras de Friedrich Merz, estoy convencido, marcan un punto de inflexión en la narrativa de seguridad del continente. El actual líder de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y principal candidato para suceder a Olaf Scholz en la cancillería alemana, ha sembrado la duda sobre la permanencia de la alianza transatlántica, una de las columnas vertebrales del orden internacional desde la posguerra.
¿Qué pasó?
Durante una reciente intervención mediática, Merz expresó su escepticismo sobre la longevidad de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Al ser cuestionado sobre el futuro de la defensa colectiva, el político germano fue tajante: "No estoy seguro de si tendremos la OTAN en 5 o 10 años". Además de esta advertencia, Merz compartió una reflexión personal sobre su trayectoria, recordando una decisión política específica que, según sus propias palabras, le ha "preocupado y agobiado como ninguna otra" en su vida pública, subrayando la gravedad de los retos que enfrenta el liderazgo actual.
¿Por qué importa?
Alemania es la economía más grande de Europa y un pilar logístico y financiero fundamental para la OTAN. Que un aspirante con altas probabilidades de liderar el país cuestione la existencia de la alianza en un horizonte tan cercano sugiere un cambio de paradigma profundo. Para los lectores en México, esta inestabilidad en Europa no es un tema ajeno. La seguridad europea impacta directamente en los mercados financieros globales y en la estabilidad del comercio internacional, factores de los que la economía mexicana depende estrechamente. Una fractura en la OTAN implicaría un reordenamiento de las potencias mundiales, afectando tratados de seguridad y flujos de inversión que llegan a territorio mexicano.
¿Qué sigue?
El futuro de la alianza dependerá en gran medida de los resultados electorales no solo en Alemania, sino también de la postura que adopte Estados Unidos en los próximos años. La presión por aumentar el gasto militar y la búsqueda de una "autonomía estratégica" europea son temas que Merz ha puesto sobre la mesa con urgencia. Se espera que, en las próximas semanas, el político clarifique los detalles de esa decisión que tanto le ha "agobiado", lo que podría arrojar luz sobre el nuevo rumbo que tomaría la diplomacia alemana bajo su posible mandato. Por ahora, el mundo observa con cautela cómo los cimientos de la defensa occidental comienzan a mostrar grietas en el discurso oficial.

