Las finanzas públicas de los estados mexicanos se encuentran en una situación de vulnerabilidad creciente. El Fondo de Estabilización de los Ingresos de las Entidades Federativas (FEIEF), el principal mecanismo de protección para los gobiernos locales ante caídas inesperadas en la recaudación federal, ha cerrado el ejercicio de 2025 con un saldo de apenas 12,833 millones de pesos. Esta cifra representa un desplome alarmante si se compara con los 76,348 millones de pesos que el fondo llegó a ostentar en 2018, operando actualmente a tan solo el 17% de su máximo histórico.
Esta reducción no es un fenómeno aislado, sino el resultado de una combinación de factores económicos y cambios en la política fiscal del país. De acuerdo con los datos más recientes, la recuperación de este «colchón» financiero se ha visto severamente frenada por una captación menor a la esperada en los ingresos petroleros y tributarios, pilares fundamentales que nutren las reservas del fondo. Históricamente, el FEIEF ha servido para garantizar que las participaciones federales, conocidas como el Ramo 28, lleguen íntegras a los estados, incluso cuando la recaudación nacional no cumple con las metas proyectadas en la Ley de Ingresos de la Federación.
El cambio en la estrategia de la administración federal también ha desempeñado un papel determinante en este panorama. En los últimos años, la gestión de los excedentes y la dinámica de capitalización de los fondos de estabilización han experimentado modificaciones que priorizan otros rubros del gasto público. Para los gobernadores y tesoreros estatales, este vaciamiento del fondo significa que, ante cualquier choque económico externo o una caída drástica en los precios internacionales del crudo, las entidades federativas tendrán pocas herramientas para compensar sus presupuestos sin recurrir a medidas de austeridad extrema o al endeudamiento.
Para el ciudadano común, la fragilidad del FEIEF no es un tema menor, ya que de estos recursos dependen servicios esenciales, el mantenimiento de infraestructura local y la operatividad de los gobiernos estatales. El panorama para el próximo ciclo fiscal sugiere que, sin una estrategia de fortalecimiento de los ingresos públicos o una reforma en las reglas de operación del fondo, los estados continuarán navegando en aguas inciertas, con un margen de error prácticamente nulo frente a las fluctuaciones del mercado global.



