La frontera que divide a Pakistán y Afganistán se ha transformado en un escenario de fuego cruzado, llevando a ambas naciones a una situación de hostilidad que los expertos ya califican como una "guerra abierta". Tras décadas de una alianza pragmática pero volátil, la relación entre Islamabad y el régimen talibán en Kabul ha alcanzado su punto más crítico tras una serie de bombardeos e incursiones militares que han dejado decenas de víctimas y miles de desplazados en las últimas semanas.

El origen de esta fractura no es reciente; se remonta a la Línea Durand, una frontera de 2,640 kilómetros establecida en 1893 bajo el dominio colonial británico. Afganistán nunca ha reconocido formalmente esta demarcación, la cual divide a las comunidades étnicas pastunes a ambos lados del límite. Para la política exterior mexicana, que históricamente ha defendido los principios de no intervención y la solución pacífica de las controversias, este conflicto representa un caso de estudio sobre cómo las fronteras heredadas del colonialismo siguen siendo focos de inestabilidad geopolítica en el siglo XXI.

El papel del grupo Talibán es el catalizador actual de esta crisis. Aunque Pakistán fue durante años el principal respaldo estratégico del movimiento talibán para ganar influencia en la región, la toma del poder en Kabul en 2021 cambió drásticamente la dinámica. El grupo insurgente conocido como Tehrik-i-Taliban Pakistan (TTP), que busca derrocar al estado paquistaní, ha encontrado refugio y base de operaciones en territorio afgano. Pakistán acusa directamente a los talibanes de Kabul de brindar santuario y apoyo logístico a estos militantes, mientras que Afganistán niega las acusaciones y denuncia las violaciones a su soberanía nacional tras los ataques aéreos lanzados por Islamabad en represalia.

Para la comunidad internacional, y específicamente para observadores en México, la escalada es motivo de profunda preocupación. No se trata solo de una crisis humanitaria en una zona ya devastada por la guerra, sino de la estabilidad de Pakistán, una nación que posee arsenal nuclear. La inestabilidad en esta región del sur de Asia suele tener repercusiones directas en los flujos migratorios globales y en la seguridad internacional, temas que impactan las agendas de organismos multilaterales donde México tiene presencia activa.

La tensión actual sugiere que la era de la supuesta cooperación entre Pakistán y los talibanes ha terminado, dando paso a una confrontación directa donde la diplomacia parece haber perdido terreno frente a las acciones militares. El futuro de la región depende ahora de la capacidad de ambos países para negociar un control fronterizo efectivo sin vulnerar el reconocimiento de las comunidades locales que habitan esta zona en disputa.