La figura de elon musk ha vuelto a situarse en el centro de la controversia internacional tras un ríspido intercambio de declaraciones con la presidenta de México, Claudia Sheinbaum. Lo que comenzó hace años como un respaldo frontal a las energías limpias y al Partido Demócrata en Estados Unidos, ha evolucionado hacia un activismo de ultraderecha que hoy impacta la narrativa política y diplomática con el gobierno mexicano.

El conflicto más reciente escaló luego de que el dueño de Tesla, SpaceX y la red social X sugiriera en su plataforma que la mandataria mexicana actúa bajo las órdenes de líderes criminales. Ante estos señalamientos, Sheinbaum fue contundente al describir a elon musk como un "muy buen empresario", pero descartó entablar un debate profundo debido a su comportamiento errático fuera del mundo de los negocios, señalando la brecha entre su éxito corporativo y su postura como actor político.

Esta transformación ideológica del multimillonario de 54 años ha sido documentada a lo largo de dos décadas. Al obtener la ciudadanía estadounidense en 2002, Musk mantenía una postura neutral, realizando donaciones discretas a ambos partidos. Sin embargo, para 2008 se convirtió en un aliado estratégico de Barack Obama, financiando su campaña y defendiendo políticas liberales como los impuestos a las emisiones de carbono y el impulso a las visas de trabajo. En aquel entonces, sus intereses políticos parecían alineados con el crecimiento de la industria de autos eléctricos.

No obstante, el giro hacia posiciones más radicales comenzó a gestarse tras la elección de 2016. Aunque en ese momento Musk calificó como "embarazoso" que alguien con el perfil de Donald Trump fuera el candidato republicano, su distanciamiento del centro político se ha acelerado drásticamente. Hoy, Musk utiliza su poder mediático para difundir discursos vinculados a la derecha global, marcando una ruptura total con su pasado progresista.

El caso subraya la complejidad de un líder empresarial cuyas decisiones tecnológicas siguen siendo fundamentales para la economía de México y el mundo, pero cuya retórica política genera cada vez más fricciones con gobiernos democráticos. El despliegue de su influencia en redes sociales sugiere que su rol como activista apenas comienza a redefinir el panorama internacional.