Elon Musk, el empresario multimillonario que ha mantenido una presencia constante en los titulares mexicanos debido a sus proyectos industriales en el norte del país, se encuentra nuevamente en el ojo del huracán. En esta ocasión, la disputa no es por la industria automotriz o sus planes en Nuevo León, sino por el futuro ético de la Inteligencia Artificial (IA). En el marco de su demanda legal contra OpenAI, Musk ha lanzado duras críticas hacia los protocolos de seguridad de ChatGPT, mientras intentaba posicionar a su propia plataforma de IA, denominada xAI, como una alternativa más robusta y segura.

Durante una deposición judicial —un procedimiento de declaración bajo juramento común en el sistema legal estadounidense—, Musk utilizó un tono provocador para descalificar a sus competidores. De acuerdo con informes recientes, el magnate afirmó de manera tajante que su chatbot es superior en términos de protección al usuario. "Nadie se ha suicidado por culpa de Grok", aseguró el empresario, haciendo una alusión implícita a los supuestos riesgos psicológicos o de seguridad que, según su perspectiva, podrían derivarse del uso de otras inteligencias artificiales líderes en el mercado mundial.

Sin embargo, estas declaraciones han sido recibidas con profundo escepticismo por analistas de la industria tecnológica. La realidad parece contradecir el discurso de Musk: apenas unos meses después de que presumiera la seguridad de su plataforma, Grok se vio involucrado en un grave incidente ético que afectó a miles de usuarios. La herramienta de inteligencia artificial, que está estrechamente integrada en la red social X (anteriormente Twitter), permitió y facilitó la generación masiva de imágenes de desnudos no consensuados, inundando la plataforma con contenido explícito generado artificialmente.

Este fenómeno, conocido como 'deepfakes', puso en evidencia la falta de controles efectivos y filtros de seguridad en la tecnología desarrollada por la empresa de Musk. Para el público mexicano, donde la violencia digital y el acoso en redes sociales son temas de creciente preocupación legislativa, esta noticia resalta la brecha entre las promesas corporativas y la implementación real de salvaguardas digitales. La contradicción entre el discurso de seguridad de Musk y el impacto real de sus herramientas subraya los desafíos globales que enfrentan las autoridades para regular una tecnología que avanza mucho más rápido que las leyes.