En un movimiento coordinado que evidencia las crecientes tensiones éticas en la industria tecnológica, cientos de empleados de Google y OpenAI han suscrito una carta abierta para respaldar a la empresa Anthropic —desarrolladora del modelo Claude— en su actual enfrentamiento con el Departamento de Defensa de los Estados Unidos. La misiva surge como respuesta a las exigencias del Pentágono para que las herramientas de inteligencia artificial (IA) sean integradas en aplicaciones de combate y vigilancia.

El documento, titulado “No seremos divididos” (We Will Not Be Divided), hace un llamado enérgico a las directivas de Google y OpenAI para que dejen de lado la competencia comercial y presenten un frente unido. El objetivo principal es mantener la negativa ante las demandas del gobierno estadounidense, que busca obtener permisos para utilizar modelos de lenguaje avanzado en tareas de vigilancia masiva doméstica y en el desarrollo de sistemas capaces de ejecutar ataques letales de forma autónoma, es decir, sin supervisión humana directa.

Estas preocupaciones coinciden con la postura pública de Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic, quien ha insistido en que estas aplicaciones representan límites éticos que ni su empresa ni ninguna otra organización de IA deberían cruzar jamás. Hasta el momento, la carta ha recolectado más de 450 firmas verificadas: aproximadamente 400 provienen de empleados de Google y el resto de OpenAI. Debido a la sensibilidad del tema, cerca del 50 por ciento de los participantes decidió firmar bajo el anonimato.

El conflicto escaló recientemente después de que el Secretario de Defensa de EE. UU., Pete Hegseth, amenazara con etiquetar a Anthropic como un “riesgo para la cadena de suministro”. Esta advertencia se produjo tras la negativa de la compañía de retirar las salvaguardas éticas de sus modelos para proyectos clasificados del Pentágono. Según los informes, el Departamento de Defensa también mantiene conversaciones similares con Google y OpenAI para presionar por un acceso más flexible a sus tecnologías.

Aunque los organizadores originales de la carta aseguran no estar afiliados a ninguna de estas empresas, partidos políticos o grupos de defensa específicos, el impacto dentro de las plantillas laborales de Silicon Valley es notable. Para los especialistas, este acto de solidaridad laboral subraya un consenso creciente entre los desarrolladores: el temor de que la tecnología creada para el beneficio social termine convirtiéndose en una herramienta de control estatal o de guerra automatizada.