La Selección Mexicana de Futbol, conocida popularmente como 'el Tri', trasciende las fronteras de lo deportivo para consolidarse como una de las unidades de negocio más rentables en el panorama del entretenimiento global. A pesar de los altibajos en el rendimiento sobre la cancha, la estructura económica que sostiene al equipo nacional se mantiene sólida, impulsada por un complejo entramado de intereses empresariales, derechos de transmisión y un mercado cautivo en el extranjero.

Formalmente, la dueña del equipo es la Federación Mexicana de Futbol (FMF), una asociación civil que agrupa a los clubes de la Liga MX. Sin embargo, el poder real reside en la Asamblea de Dueños, un selecto grupo de empresarios que dictan las pautas comerciales y deportivas del combinado nacional. En este círculo, las decisiones no solo buscan el éxito en los mundiales, sino garantizar la rentabilidad de una marca que factura millones de dólares anualmente.

Uno de los pilares fundamentales de este modelo de negocio son los derechos de transmisión. Históricamente, la relación con las grandes televisoras ha definido el flujo de caja de la FMF. Estos contratos millonarios permiten que la Selección llegue a millones de hogares, pero también generan un compromiso comercial que condiciona calendarios y rivales. La batalla por estos derechos es constante, ya que representan la mayor fuente de ingresos directos para la federación.

Por otro lado, la internacionalización del producto ha encontrado su mina de oro en las giras por Estados Unidos. Gracias a acuerdos con empresas como Soccer United Marketing (SUM), el Tri disputa múltiples partidos amistosos al año en territorio estadounidense. Estos encuentros, a menudo criticados por su bajo nivel competitivo, son vitales desde la perspectiva financiera. La derrama económica generada por la venta de boletos en estadios de la NFL, junto con el consumo de la nostalgia de los connacionales, mantiene al equipo como un activo sumamente atractivo para los patrocinadores.

En conclusión, el futuro de la Selección Mexicana no se juega únicamente en los pies de los futbolistas, sino en las oficinas donde se negocian los patrocinios y las sedes de los próximos torneos. Mientras el Tri siga siendo un negocio clave para los empresarios del futbol, la presión por equilibrar los resultados deportivos con las metas financieras seguirá siendo el mayor reto de la FMF.