La comunicación humana va mucho más allá de las palabras. Según expertos en psicología y comunicación, el lenguaje no verbal constituye una parte fundamental de lo que transmitimos a los demás de manera inconsciente. En este contexto, el lenguaje corporal se posiciona como la expresión más inmediata de nuestros sentimientos y percepciones internas, convirtiéndose en un indicador clave para identificar niveles bajos de autoestima.
La baja autoestima no es solo una sensación interna de inseguridad; es una condición emocional que se proyecta hacia el exterior a través de gestos, posturas y movimientos involuntarios. De acuerdo con información reciente, estas señales físicas son vitales para comprender el estado de salud mental de los individuos en sus diversos entornos. El cuerpo, de manera instintiva, suele revelar aquello que la voz intenta ocultar o que el individuo aún no ha procesado conscientemente.
Entre las señales más comunes que reflejan esta falta de seguridad se encuentra el encorvamiento de la espalda y los hombros, una postura que sugiere un deseo de pasar inadvertido o de protegerse ante posibles críticas. Asimismo, la evitación del contacto visual es uno de los síntomas más recurrentes; no sostener la mirada suele interpretarse como un signo de timidez extrema, falta de confianza o desvalorización propia frente al interlocutor.
En la cultura mexicana, donde las relaciones interpersonales y la calidez en el trato son pilares fundamentales de la convivencia social, estas manifestaciones pueden tener un impacto significativo. En el ámbito laboral, por ejemplo, un lenguaje corporal retraído puede influir negativamente en entrevistas de trabajo o en la capacidad de liderazgo dentro de un equipo, ya que la proyección de seguridad es un activo altamente valorado en el mercado profesional del país.
Especialistas sugieren que prestar atención a estos detalles no solo ayuda a los demás a comprendernos mejor, sino que funciona como una herramienta de autoconocimiento. El primer paso para fortalecer la autoestima es reconocer cómo nos presentamos ante el mundo. Cabe destacar que esta relación es bidireccional: mejorar conscientemente nuestra postura física puede enviar señales positivas al cerebro, ayudando paulatinamente a mejorar la autopercepción y el bienestar emocional integral.



