El mercado de las criptomonedas, a menudo presentado por sus entusiastas como una alternativa revolucionaria y transparente frente al sistema financiero convencional, parece estar sucumbiendo a los mismos vicios que alguna vez juró combatir. Mientras los precios de los activos digitales sufren desplomes significativos en lo que muchos llaman un «criptoinvierno», un fenómeno preocupante está en pleno auge: el uso de información privilegiada (conocido en inglés como insider trading).
A pesar de la retórica de descentralización y democratización financiera, los recientes escándalos y alegatos legales sugieren que el ecosistema cripto no es, en esencia, muy diferente de Wall Street. El uso de información privilegiada ocurre cuando individuos con acceso a datos confidenciales realizan operaciones comerciales para obtener ganancias ilícitas antes de que dicha información se haga pública. En el caso de los activos digitales, esto suele manifestarse cuando empleados de plataformas de intercambio compran tokens específicos justo antes de que sean listados oficialmente, lo que inevitablemente dispara su valor.
Este paralelismo con la banca tradicional resulta irónico para una industria que nació con el objetivo de eliminar a los intermediarios y la opacidad de las instituciones financieras de la vieja guardia. La realidad actual muestra que, ante la falta de una regulación robusta y global, los mismos esquemas de manipulación que han plagado a las bolsas de valores durante décadas están encontrando un terreno fértil y poco supervisado en el espacio digital.
Para el inversionista en México, este panorama representa una señal de alerta necesaria. Aunque el Banco de México (Banxico) y la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) han mantenido una postura cautelosa, advirtiendo reiteradamente que las criptomonedas no son moneda de curso legal y representan riesgos significativos por su alta volatilidad, miles de mexicanos participan activamente en este mercado. La proliferación de estas prácticas fraudulentas a nivel internacional subraya la vulnerabilidad del usuario promedio frente a las maniobras de actores con acceso a información preferencial.
En conclusión, mientras el valor de muchas divisas digitales se tambalea, la «industria del engaño» parece ser el único sector con proyecciones al alza dentro del ecosistema. Los alegatos de manipulación no solo afectan el bolsillo de los pequeños inversores, sino que erosionan la credibilidad de una tecnología que aún lucha por demostrar su utilidad real más allá de la especulación financiera agresiva.



