El Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) ha dejado de ser únicamente una organización dedicada al tráfico de estupefacientes para convertirse en un actor determinante y disruptivo en las economías rurales de México y diversos países de América Latina. Según una serie de investigaciones publicadas por el portal especializado Mongabay, este grupo criminal ha extendido sus operaciones hacia sectores estratégicos como la producción de aguacate, la industria pesquera y el comercio ilegal de mercurio.
Esta diversificación marca una evolución alarmante en el modelo de negocios del crimen organizado en la región. En México, el caso del aguacate en Michoacán es emblemático. El llamado 'oro verde' se ha visto empañado por la extorsión sistemática a productores y el despojo de tierras. El cártel no solo cobra el denominado 'derecho de piso', sino que en muchas ocasiones interviene directamente en la cadena de suministro, dictando quién puede cosechar y a qué precio se debe vender el producto, rompiendo las reglas del libre mercado y sumiendo a las familias campesinas en un ciclo de violencia e incertidumbre económica.
El impacto del CJNG se extiende también a las costas. La investigación detalla cómo la organización ha infiltrado cooperativas pesqueras y rutas comerciales marítimas, afectando la estabilidad de comunidades que dependen enteramente del mar. El control sobre la captura y distribución de especies marinas no solo representa un golpe financiero para los pescadores artesanales, sino que también genera una crisis ecológica al incentivar la pesca ilegal y el tráfico de especies protegidas sin ningún tipo de regulación o vigilancia ambiental.
Uno de los hallazgos más críticos es la incursión del grupo en el tráfico de mercurio, un insumo esencial para la minería ilegal de oro. Este comercio no solo sirve como una fuente de financiamiento alternativa, sino que está provocando daños irreversibles a la salud pública y al medio ambiente en diversas regiones de América Latina. El manejo del mercurio por parte de grupos criminales agrava la contaminación de ríos y suelos, dejando a las poblaciones rurales en una situación de vulnerabilidad extrema ante la degradación de sus recursos naturales.
La presencia del CJNG fuera de las fronteras mexicanas subraya una estrategia de expansión continental que busca capturar las economías locales en zonas donde la presencia del Estado es limitada. Este fenómeno representa no solo un reto de seguridad nacional, sino una amenaza directa a la soberanía alimentaria y al desarrollo de la región, donde el vacío institucional es aprovechado por el narcotráfico para imponer un sistema de gobernanza criminal sobre los recursos más básicos de la población.

