En un año determinante para la soberanía energética de México, **Pemex tuvo** un respiro financiero que no se veía en décadas. La petrolera más endeudada del mundo logró recortar sus pasivos en un 13% durante el ejercicio 2025, una cifra que representa un alivio histórico para las arcas de la paraestatal. Este avance no es producto de una bonanza petrolera externa, sino de una intervención directa y agresiva del Estado Mexicano para sanear el balance de la compañía.
### ¿Qué pasó con la deuda de Pemex?
Los resultados financieros presentados recientemente confirman que la estrategia de apoyo gubernamental ha comenzado a dar frutos en los libros contables. A través de transferencias directas de capital y una reducción en la carga fiscal, la Secretaría de Hacienda ha asumido de facto una parte importante del compromiso crediticio de la empresa. Este movimiento busca evitar una degradación mayor en las calificaciones crediticias del país, manteniendo a flote la operación de la joya de la corona del sector público.
### ¿Por qué importa este saneamiento?
Aunque la noticia financiera es positiva, el panorama operativo cuenta una historia distinta. Mientras la deuda baja, la producción de hidrocarburos de Pemex continúa en una trayectoria descendente. Esta dualidad es crítica para los analistas: por un lado, se tiene una empresa financieramente más estable gracias al erario, pero por otro, se enfrenta a una estructura productiva que no logra revertir su declive natural. El reto de la administración actual es que este saneamiento no sea solo un parche temporal, sino la base para una modernización real.
### ¿Qué sigue para la petrolera?
Para el cierre de 2025 y el inicio del próximo ciclo fiscal, la atención estará puesta en si este alivio financiero puede traducirse en una mayor inversión en exploración y extracción. La meta del Gobierno Federal es estabilizar la plataforma de producción en torno a los 1.8 millones de barriles diarios, un objetivo que se ha vuelto esquivo en los últimos trimestres. Los mercados internacionales observan con cautela, esperando señales de que Pemex pueda eventualmente caminar sola sin depender totalmente de las inyecciones de capital del Estado.



