En la cultura popular y el estudio de los astros en México, el paso del tiempo no solo se mide en años calendáricos, sino también en grandes ciclos cósmicos. Una de las dudas más recurrentes entre los entusiastas de la cosmología es cuando termina la Era de Piscis, un periodo definido por el movimiento retrógrado del Sol a través de las constelaciones en el equinoccio de primavera.

Este ciclo solar forma parte del movimiento regular del Sol a través de los doce signos zodiacales a lo largo del año, pero a una escala mucho mayor. El fenómeno técnico detrás de esto es la precesión de los equinoccios, un ligero 'bamboleo' en el eje de la Tierra que tarda aproximadamente 25,776 años en completar una vuelta completa. Este 'Gran Año' se divide en doce eras de aproximadamente 2,148 años cada una.

¿Por qué importa este cambio de era? Históricamente, el paso de una constelación a otra ha sido interpretado como un cambio en el paradigma social, cultural y espiritual de la humanidad. La Era de Piscis, que comenzó aproximadamente al inicio de la era cristiana, ha estado vinculada a temas de devoción, misticismo y estructuras jerárquicas. La transición hacia la Era de Acuario sugiere un giro hacia la tecnología, la libertad individual y el conocimiento compartido.

Determinar con exactitud cuando termina la Era de Piscis es un reto para los especialistas, ya que las constelaciones no tienen fronteras precisas en el cielo. Mientras que algunos astrónomos sugieren que el punto vernal entrará oficialmente en la constelación de Acuario hasta el siglo XXV (alrededor del año 2597), muchas corrientes esotéricas y culturales afirman que ya nos encontramos en la 'zona de penumbra' o transición, señalando que el cambio es un proceso gradual y no un evento de un solo día.

Lo que sigue para los observadores y estudiosos es el seguimiento del punto del equinoccio de marzo. Aunque la ciencia astronómica y la interpretación cultural suelen avanzar por carriles distintos, ambas coinciden en que somos testigos del cierre de un ciclo milenario. Por ahora, la información sigue en desarrollo conforme los cálculos matemáticos se refinan, pero el interés por este relevo celestial permanece más vivo que nunca en la sociedad mexicana.