La controversia ha estallado en el Reino Unido tras revelarse las precarias condiciones en las que viven 15 pingüinos Juanito (Gentoo) dentro del acuario Sea Life de Londres. Según una investigación periodística que ha conmocionado a la opinión pública, estas aves marinas permanecen confinadas en lo que ha sido descrito como un "búnker subterráneo", un espacio ubicado en los cimientos de la ciudad donde nunca tienen contacto con la luz del sol ni con aire fresco.

El reporte, difundido originalmente por la periodista Liz Jones, califica la situación como un escándalo cruel que debería enfurecer a cualquier amante de los animales. El recinto se encuentra en el sótano del emblemático edificio County Hall, a orillas del río Támesis. A pesar de la modernidad de la metrópoli, estos pingüinos pasan sus días bajo iluminación artificial, en un entorno cerrado que dista mucho de los vastos paisajes subantárticos de donde es originaria la especie.

Sea Life es propiedad de Merlin Entertainments, una de las corporaciones de entretenimiento más grandes y lucrativas del mundo (dueños también de los museos de cera Madame Tussauds y los parques Legoland). Los críticos de la empresa aseguran que la compañía está generando enormes ganancias a costa del sufrimiento de estos animales. El caso ha provocado una ola de indignación que ya se traduce en protestas a las afueras del acuario y miles de firmas en peticiones digitales que exigen el cierre de la exhibición y el traslado de los ejemplares a santuarios adecuados.

Para el lector mexicano, este caso resuena con los debates actuales sobre el bienestar animal en acuarios y zoológicos urbanos. La especie Gentoo es conocida por ser una de las más activas y nadadoras más rápidas entre los pingüinos, lo que hace que su confinamiento en un sótano sea especialmente cuestionable desde una perspectiva ética y biológica. La falta de ciclos naturales de luz puede alterar sus ritmos circadianos y comportamientos reproductivos, lo que ha llevado a los activistas a calificar la exhibición como una "historia desalmada" de lucro empresarial.

La presión social continúa aumentando mientras se hace un llamado internacional para que el público deje de financiar este tipo de atracciones. Los defensores de los animales instan a la población a informarse sobre el origen de las especies en exhibición y a apoyar iniciativas que busquen el fin del cautiverio en espacios que no cumplen con los requisitos mínimos de salud ambiental para la fauna silvestre.