Para Sheree Black, el presente es un recordatorio constante y doloroso de lo que pudo ser. Si su hijo Cameron estuviera vivo, este año celebraría su cumpleaños número 18, marcando su entrada oficial a la vida adulta. Sin embargo, la vida del pequeño fue truncada hace casi dos décadas por quien debía ser su protector: su propio padre.
En un desgarrador testimonio publicado originalmente por el diario británico Daily Mail, Black detalla las circunstancias atroces que terminaron con la vida de su bebé de apenas 14 semanas. La magnitud del daño físico que sufrió el menor fue tan severa que los peritos forenses compararon las lesiones con las que resultan de un accidente automovilístico a una velocidad de 112 kilómetros por hora (70 mph). El caso no solo destaca por la brutalidad del acto, sino por la prolongada lucha de una madre contra un sistema que considera profundamente fallido.
El relato de Sheree Black pone de manifiesto una herida que no ha cerrado. Ella describe a Cameron como un bebé de ojos brillantes y sonrisa constante, una imagen que permanece congelada en su memoria mientras intenta imaginar cómo se vería hoy aquel niño convertido en hombre. No obstante, su dolor se ha visto exacerbado por lo que ella denomina las fallas del sistema de justicia, el cual, en su opinión, ha tomado decisiones que solo han empeorado la situación para las víctimas colaterales del crimen.
Este caso, aunque ocurrido en el Reino Unido, resuena con fuerza en el contexto internacional y particularmente en México, donde la violencia doméstica y la protección a los menores son temas críticos de la agenda pública. La denuncia de Black resalta una realidad universal: la burocracia y los tecnicismos legales a menudo parecen ignorar el impacto humano de los crímenes violentos, dejando a las familias en un estado de desamparo institucional.
La madre sostiene que el sistema judicial, en lugar de proporcionar cierre o un castigo proporcional a la gravedad de las heridas infligidas a un recién nacido, ha actuado de manera que prolonga el trauma. A través de su testimonio, busca no solo honrar la memoria de su hijo, sino también exponer la necesidad urgente de reformas que prioricen la seguridad de los niños y la verdadera justicia para quienes sobreviven a tales tragedias.



