En un caso que ha provocado una profunda indignación en el Reino Unido, Elliot Bristow, un hombre de 36 años, fue sentenciado a una pena de 11 años de prisión tras protagonizar un fatal accidente automovilístico. El suceso, calificado por la fiscalía y la opinión pública como un acto de cobardía extrema, terminó con la vida de Olivia Lewis, una joven de 24 años que fue abandonada a su suerte mientras el vehículo en el que viajaban se encontraba volcado.

Los hechos ocurrieron poco después de la medianoche del pasado 7 de agosto de 2024, en las inmediaciones de Newport, Gales. Según los informes periciales presentados ante la corte, Bristow conducía un automóvil marca Skoda a una velocidad que superaba por más del doble el límite legal permitido en la zona. Además del exceso de velocidad, las pruebas toxicológicas confirmaron que el conductor se encontraba bajo los efectos del alcohol en niveles significativamente altos.

El peritaje del siniestro reveló que Bristow perdió el control de la unidad, lo que provocó que el vehículo derrapara violentamente antes de impactarse contra un muro y terminar volcado sobre su toldo. Tras el impacto, en lugar de intentar auxiliar a su acompañante o llamar a los servicios de emergencia, el sentenciado salió del coche y huyó a pie de la escena, dejando a Olivia Lewis atrapada entre los fierros retorcidos del automóvil.

Paramédicos que arribaron al lugar minutos después, tras el reporte de vecinos, localizaron a la joven aún con signos vitales mínimos, pero debido a la gravedad de las lesiones y el tiempo transcurrido sin asistencia, falleció poco después en el sitio. Para los lectores en México, este caso resuena con la problemática local de seguridad vial, donde el abandono de persona tras un accidente es un agravante severo en los códigos penales estatales.

Durante la audiencia de sentencia, el juez destacó la conducta reprochable de Bristow, señalando que su decisión de escapar fue un intento desesperado por evadir su responsabilidad legal a costa de la vida de otra persona. La condena de 11 años de cárcel busca sentar un precedente sobre la gravedad de conducir bajo la influencia del alcohol y el exceso de velocidad, factores que anualmente cobran miles de vidas a nivel global.

La familia de Lewis, presente en el juzgado, manifestó que ninguna sentencia podrá devolverles a Olivia, pero esperan que este caso sirva como advertencia para otros conductores. Bristow también enfrentará una inhabilitación prolongada para conducir una vez que cumpla su tiempo en prisión.