La libertad de prensa a nivel global ha alcanzado un punto crítico en 2025. Según el más reciente informe del Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ por sus siglas en inglés), el número de reporteros y trabajadores de medios asesinados en cumplimiento de su labor ha llegado a niveles récord este año. El organismo internacional, con sede en Nueva York y dedicado a la defensa de los comunicadores en todo el mundo, reveló que la mayoría de estas muertes son responsabilidad de las fuerzas militares de Israel.
El reporte destaca una tendencia tecnológica alarmante en la ejecución de estos ataques: el uso creciente de drones. De acuerdo con el CPJ, un número cada vez mayor de periodistas ha perdido la vida bajo ataques realizados con aeronaves no tripuladas, una modalidad que dificulta la protección de los profesionales en el terreno y que plantea serios cuestionamientos sobre la precisión y la intención de las operaciones militares en zonas de conflicto.
Ante la contundencia de las cifras presentadas, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) emitieron un comunicado oficial en el que aseguraron que “rechazan enérgicamente” los hallazgos de la organización. El ejército israelí ha sostenido históricamente que sus operaciones se ajustan al derecho internacional y que no tienen como objetivo deliberado a los miembros de la prensa, a pesar de las recurrentes denuncias de organismos de derechos humanos.
Para poner en contexto la relevancia de esta noticia, el CPJ es considerado la autoridad máxima en el monitoreo de agresiones contra la prensa. Sus datos son utilizados por gobiernos y organismos multilaterales para evaluar la seguridad de los informadores. En México, un país que también ha enfrentado crisis severas de violencia contra periodistas, el informe resalta una preocupación global: la vulnerabilidad extrema de quienes documentan los conflictos armados en la era moderna.
El 2025 se perfila así como el año más mortífero para el periodismo desde que se tiene registro. El CPJ insiste en que el uso de tecnologías avanzadas para atacar a la prensa no solo silencia las voces en el campo de batalla, sino que erosiona el derecho fundamental de la sociedad a estar informada sobre lo que ocurre en los puntos más críticos del planeta.


