Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic —empresa estadounidense de inteligencia artificial reconocida por su enfoque en la seguridad y creadora del asistente Claude—, ha tomado una postura firme frente a las crecientes presiones del Departamento de Defensa de los Estados Unidos, mejor conocido como el Pentágono. La disputa surge a raíz de las exigencias gubernamentales para obtener acceso total y sin restricciones a los modelos avanzados de la compañía.

Durante una declaración emitida este jueves, Amodei fue categórico al señalar que «no puede, en buena conciencia, acceder» a las peticiones de las autoridades militares. Esta negativa se produce en un momento crítico, justo cuando se aproxima la fecha límite establecida por el Pentágono para que las desarrolladoras de tecnología de punta integren sus sistemas bajo la supervisión de la defensa nacional estadounidense.

Para el contexto del público mexicano, Anthropic no es solo otra firma de Silicon Valley; es considerada la principal competidora de OpenAI (creadores de ChatGPT) y destaca por su filosofía de «IA Constitucional», que busca que los sistemas actúen bajo principios éticos rigurosos. Mientras que otras empresas tecnológicas han buscado lucrativos contratos con el sector de defensa, la postura de Amodei marca un distanciamiento significativo que prioriza la autonomía y la seguridad sobre la cooperación militar irrestricta.

El conflicto pone de relieve el debate global sobre el uso de la inteligencia artificial en contextos bélicos y de vigilancia. La decisión de Anthropic desafía la narrativa de que el sector tecnológico debe subordinarse por completo a los requerimientos de seguridad nacional, estableciendo un precedente sobre los límites de la privacidad y el control de algoritmos críticos.

Hasta el momento, el Pentágono no ha emitido una respuesta oficial sobre las posibles repercusiones legales o contractuales que Anthropic podría enfrentar por este desacato. Sin embargo, analistas del sector sugieren que esta confrontación podría redefinir la relación entre las startups de IA más influyentes del mundo y las potencias militares, especialmente en un entorno donde la carrera por la supremacía tecnológica es cada vez más agresiva.