Francia renueva el liderazgo de su cartera cultural con un perfil que combina la experiencia política y la gestión de patrimonio de alto nivel. Catherine Pégard, quien se desempeñó como presidenta del emblemático Palacio de Versalles y posee una destacada trayectoria previa como periodista de cine, ha sido nombrada oficialmente como la nueva ministra de Cultura del país galo.
Pégard asume el mando en sustitución de Rachida Dati, quien presentó su renuncia formal al presidente Emmanuel Macron la mañana de este miércoles. La salida de Dati no fue sorpresiva en los círculos políticos de París; la ahora exministra ha decidido volcar todos sus esfuerzos en su ambición de conquistar la alcaldía de la capital francesa, una contienda que ella misma ha descrito públicamente como "la batalla de su vida".
La nueva ministra aporta una visión estratégica única al gabinete. Antes de su gestión de 13 años al frente del Château de Versailles —donde supervisó restauraciones masivas y la modernización del recinto para atraer a millones de turistas internacionales cada año—, Pégard trabajó estrechamente en el Palacio del Elíseo como consejera del expresidente Nicolas Sarkozy. Su formación inicial como periodista política y de espectáculos en medios de prestigio le permite navegar con soltura entre las necesidades de la industria creativa y las complejidades de la administración pública.
Este relevo ministerial es de suma importancia para la escena internacional, ya que el Ministerio de Cultura francés maneja uno de los presupuestos más robustos de Europa destinados a las artes y la preservación histórica. Para México, país que mantiene convenios de colaboración cultural constantes con Francia —desde intercambios académicos hasta exposiciones de gran escala en museos como el de Antropología o el Palacio de Bellas Artes—, la gestión de Pégard será fundamental para definir la agenda de cooperación bilateral en los próximos años.
El reto para la nueva funcionaria será mantener el dinamismo cultural francés en un periodo de transición política y social. Con su nombramiento, Macron apuesta por una figura de perfil técnico y conciliador, capaz de dialogar con los diversos gremios artísticos y garantizar que el patrimonio histórico francés siga siendo un motor económico y de identidad nacional frente al mundo.



