En un ejercicio de arqueología cultural y social que desafía el paso del tiempo, las investigadoras españolas Ana Garriga y Carmen Urbita han lanzado al mercado literario su obra titulada ‘Instrucción de novicias’. Este libro, lejos de ser un simple tratado religioso o un texto histórico árido, se presenta como una guía práctica para navegar las complejidades de la vida moderna, fundamentada en la sabiduría acumulada por las monjas del periodo barroco hace cuatro siglos.

La presentación de este proyecto tuvo lugar en un evento especial de 'Carrusel de las Artes' desde la emblemática Librería ‘Ici’ en París. Durante el encuentro, las autoras explicaron que el libro es el fruto de casi diez años de rigurosa investigación documental. Garriga y Urbita se sumergieron en archivos y crónicas de conventos para entender cómo estas mujeres, a menudo confinadas por las estructuras sociales de su época, desarrollaron mecanismos de resistencia, autoconocimiento y gestión comunitaria que resultan sorprendentemente vigentes.

Para el lector mexicano, esta obra resuena con una fuerza particular debido a la profunda herencia virreinal del país. México fue el hogar de figuras fundamentales del Barroco, como Sor Juana Inés de la Cruz, quien personifica precisamente esa lucha por el intelecto y la autonomía dentro de los muros de un convento. La premisa de Garriga y Urbita sugiere que los dilemas enfrentados por las religiosas del siglo XVII —como la búsqueda de la identidad, el manejo del aislamiento y la creación de redes de apoyo entre mujeres— son espejos de las inquietudes que atraviesan las mujeres del siglo XXI.

‘Instrucción de novicias’ no pretende ser un manual de fe, sino una herramienta de reflexión. Según las autoras, las monjas barrocas perfeccionaron el arte de la introspección y la resiliencia en entornos restrictivos, lecciones que pueden ser aplicadas hoy en un mundo saturado de información y presiones externas. La obra propone que mirar hacia atrás no es un retroceso, sino una forma de encontrar soluciones creativas a problemas antiguos que simplemente han cambiado de forma.

Finalmente, el libro destaca cómo los conventos funcionaron como espacios de libertad intelectual donde las mujeres podían dedicarse al estudio, la escritura y la administración, lejos de los mandatos domésticos tradicionales de su tiempo. Esta visión reivindica la figura de la monja no solo como un ícono religioso, sino como una precursora de la gestión del bienestar y el pensamiento crítico.