CIUDAD DE MÉXICO — El más reciente mensaje a la nación del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha generado una respuesta moderada en términos de audiencia televisiva. El discurso del Estado de la Unión de 2026 atrajo a una audiencia estimada de 32.6 millones de espectadores el pasado martes, de acuerdo con los informes de medición de audiencia de la firma Nielsen.

Esta cifra representa un descenso notable en comparación con el discurso pronunciado ante el Congreso el año anterior. En 2025, el evento tuvo lugar el 4 de marzo, apenas un mes y medio después de que Trump iniciara su segundo periodo presidencial, momento en el que el interés público y la expectativa mediática se encontraban en su punto más alto.

Los datos fueron recopilados mediante el sistema de medición "Big Data + Panel" de Nielsen. Para los lectores en México, cabe destacar que Nielsen es la empresa líder global en análisis de audiencias, siendo el estándar utilizado por las grandes cadenas de televisión y anunciantes para medir el éxito de sus contenidos y determinar el impacto de los eventos de gran envergadura.

El análisis de las cifras sugiere que el fenómeno de la "fatiga de audiencia" podría estar afectando los mensajes presidenciales. Mientras que los eventos iniciales de una administración suelen captar la atención masiva de la población, los discursos posteriores tienden a estabilizarse o disminuir en sus niveles de rating, especialmente en un ecosistema mediático donde el consumo de información se ha fragmentado hacia plataformas digitales y redes sociales.

Históricamente, Donald Trump ha dado gran importancia a las métricas de televisión y el alcance de sus presentaciones públicas. Sin embargo, este informe de 2026 coloca su mensaje en una posición de menor alcance masivo tradicional frente a su desempeño de 2025. A pesar de la caída, el evento se mantiene como uno de los momentos de mayor concentración de audiencia en la televisión estadounidense fuera de los eventos deportivos.

Este reporte de Nielsen no solo refleja la popularidad del mandatario, sino también la evolución del consumo televisivo en Norteamérica, donde las transmisiones lineales enfrentan el reto constante de retener a millones de espectadores frente a la competencia del streaming.