La Federación Boliviana de Fútbol (FBF) ha dado un paso firme ante los máximos organismos del balompié mundial al solicitar formalmente a la FIFA la implementación de un protocolo de seguridad reforzado. Esta petición, que busca blindar no solo a los protagonistas en el terreno de juego, sino a toda la comitiva y a los seguidores, marca un precedente en las exigencias de las federaciones sudamericanas frente a los retos de orden público y la creciente hostilidad que puede surgir en el marco de las eliminatorias internacionales.
El organismo rector del fútbol boliviano argumenta que la integridad física es solo una parte de la ecuación en el entorno actual del deporte de élite. En un comunicado que ha resonado con fuerza en las oficinas de Zúrich, la FBF subraya la necesidad imperante de garantizar también la protección emocional de sus futbolistas, cuerpo técnico y directivos. Este enfoque integral responde a la presión psicológica extrema y al acoso que se vive frecuentemente en diversos estadios de la región, donde el ambiente puede escalar rápidamente hacia situaciones que vulneran el bienestar mental de los profesionales.
La solicitud estipula que las garantías deben extenderse mucho más allá del pitazo final. Bolivia busca que la FIFA supervise de manera estricta los traslados logísticos, las zonas de concentración en hoteles y los perímetros de acceso a los recintos deportivos. Para el público mexicano, acostumbrado a la intensidad de las eliminatorias de la CONCACAF, esta medida pone de relieve la urgencia de estandarizar los protocolos de seguridad que la FIFA impone a nivel global, asegurando que el espectáculo deportivo no se vea empañado por incidentes fuera de la cancha.
Cabe destacar que la exigencia boliviana incluye explícitamente a la afición. La federación ha sido enfática en que los seguidores bolivianos deben contar con las condiciones necesarias para alentar a su selección nacional sin temor a represalias o actos de violencia. Esta visión busca erradicar las conductas antideportivas y los brotes de intolerancia que, lamentablemente, han afectado diversos encuentros continentales en años recientes.
Con esta postura institucional, Bolivia no solo intenta proteger a sus representantes, sino que también lanza un llamado a la reflexión sobre la corresponsabilidad de los países anfitriones y del propio organismo internacional en la organización de eventos de alto riesgo. La comunidad futbolística internacional queda ahora a la espera de la respuesta oficial de la FIFA, la cual podría sentar las bases para nuevos estándares de hospitalidad y seguridad para todas las delegaciones visitantes en las justas mundialistas.



