Gregory Orr, cineasta y nieto del legendario Jack Warner —cofundador del icónico estudio Warner Bros.—, ha alzado la voz para manifestar su profunda preocupación ante los recientes movimientos corporativos que sacuden a la industria del entretenimiento en Hollywood. Si bien en el pasado Orr mostró un apoyo cauteloso hacia el ascenso de gigantes del streaming como Netflix, su postura actual frente a la situación de Paramount Global es de total alarma.
En declaraciones recientes recopiladas por The Hollywood Reporter, Orr calificó la posible integración de Paramount con otras entidades como una "boda a la fuerza" (shotgun wedding), sugiriendo que el estudio no está tomando decisiones desde una posición de fortaleza, sino por una necesidad desesperada de supervivencia financiera. Según el heredero de la dinastía Warner, la enorme carga de deuda que arrastra Paramount es un factor crítico que, tarde o temprano, derivará en un drástico recorte de personal y en el desmantelamiento de áreas clave del estudio.
Para los espectadores y la industria en México, esta situación tiene una relevancia directa. Paramount no solo es la casa de franquicias cinematográficas de enorme éxito en las taquillas mexicanas, sino que también gestiona plataformas y canales con una fuerte presencia en el mercado latinoamericano. Un debilitamiento de su estructura operativa podría significar una reducción en la inversión de contenidos locales y cambios significativos en la oferta de sus servicios de streaming.
Orr, quien ha dedicado gran parte de su trayectoria a preservar el legado histórico de la era dorada de Hollywood, enfatizó que mientras el acuerdo con Netflix representaba una evolución necesaria hacia lo digital, lo que sucede con Paramount parece ser una capitulación financiera. El cineasta advierte que este tipo de fusiones forzadas priorizan el pago de deudas y la reestructuración de capital por encima de la visión artística y la estabilidad laboral.
El término "downsizing" o reducción de plantilla mencionado por Orr ya resuena con fuerza en los pasillos de la industria. El temor generalizado es que, en el afán de sanear las cuentas, se pierda la identidad de uno de los pilares fundamentales del cine mundial, afectando no solo a los trabajadores en Los Ángeles, sino a toda la cadena de producción global que depende de la estabilidad de los grandes estudios tradicionales.



