El expresidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, se encuentra nuevamente en el centro del debate internacional tras sus declaraciones ante el Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes. En un testimonio que busca zanjar las especulaciones sobre su vínculo con el fallecido financiero Jeffrey Epstein, el exmandatario insistió en que no tuvo conocimiento alguno de las actividades delictivas de su antiguo conocido, afirmando tajantemente que no hizo "nothing wrong" durante los encuentros que sostuvo con el hoy convicto pederasta.

Clinton, quien gobernó la potencia norteamericana entre 1993 y 2001, advirtió a los miembros del comité legislativo que sus recuerdos sobre lo que describió como una "conocimiento breve" con Epstein son limitados y difusos. Para la audiencia en México, es relevante señalar que el caso Epstein ha tenido repercusiones globales debido a la red de tráfico sexual de menores que involucró a figuras de la élite política y empresarial. En esta nueva comparecencia, Clinton subrayó que no tiene intención de "jugar al detective" para desentrañar los crímenes del magnate, manteniendo una postura de total deslinde respecto a las investigaciones que aún buscan justicia para las víctimas.

Lo que surge como novedad en este seguimiento informativo es la firmeza con la que Clinton advirtió al Congreso que no aportará más detalles sobre su relación con Epstein, argumentando que simplemente no los tiene. A diferencia de lo que se conocía anteriormente sobre sus múltiples viajes en el avión privado del financiero —conocido como el 'Lolita Express'—, el exmandatario hoy se presenta como un observador ajeno que nunca presenció comportamientos irregulares.

Sin embargo, la investigación sigue dejando cabos sueltos. Lo que falta por confirmar es la veracidad de estos testimonios ante la posible aparición de nuevas pruebas en los diarios y registros incautados a Epstein y su cómplice, Ghislaine Maxwell. Por ahora, la postura oficial de Bill Clinton es de absoluta inocencia, reiterando que no vio nada sospechoso y que, en términos éticos y legales, hizo "nothing wrong". El caso continúa bajo el escrutinio de Washington, mientras la comunidad internacional observa con cautela este nuevo capítulo de uno de los escándalos más oscuros del siglo XXI.