El presidente de Estados Unidos anuncia Donald una operación militar masiva y continuada para neutralizar la amenaza del régimen de Irán contra la seguridad nacional estadounidense. La Casa Blanca confirmó que el objetivo central es destruir la infraestructura de misiles y aniquilar la capacidad naval del país persa de manera definitiva. Los primeros reportes de bombardeos en las inmediaciones de Teherán coinciden con un llamado del mandatario al pueblo iraní para tomar el control de su territorio y derrocar al sistema actual.

Esta escalada militar busca impedir que la dictadura iraní mantenga su influencia en zonas estratégicas para el interés de Washington en el Golfo Pérsico. La operación se define como un ataque total contra los activos industriales militares que, según el Pentágono, representan un peligro inminente para la estabilidad global. Hasta el momento, el impacto directo en las bajas civiles y la extensión de los daños colaterales se mantienen como un dato pendiente de confirmar por las agencias de inteligencia aliadas.

Para México y el resto de Latinoamérica, este conflicto genera una alerta inmediata en los mercados energéticos y los precios internacionales de los hidrocarburos. La inestabilidad en el Estrecho de Ormuz suele provocar una volatilidad extrema en el precio del barril de petróleo, afectando directamente la balanza comercial y las finanzas públicas mexicanas. Asimismo, el gobierno federal deberá evaluar protocolos de seguridad para las representaciones diplomáticas en una región que entra oficialmente en una fase de guerra abierta.
El desarrollo de esta incursión militar mantiene en vilo a la comunidad internacional ante una posible respuesta armada por parte de las fuerzas de defensa iraníes. Se espera que en las próximas horas el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sesione de forma urgente para tratar la crisis en Medio Oriente y evitar una propagación del conflicto. La magnitud del despliegue sugiere un enfrentamiento de larga duración que podría reconfigurar las alianzas geopolíticas y económicas en todo el mundo árabe y occidental.
La administración estadounidense ha enfatizado que no detendrá las acciones bélicas hasta que la capacidad operativa de los ayatolás sea reducida a cero. Las fuerzas armadas de Estados Unidos mantienen un despliegue constante en las fronteras marítimas, vigilando cualquier intento de contraataque que ponga en riesgo el flujo comercial global. El mundo aguarda la postura oficial de las potencias europeas y de China ante este cambio drástico en la política exterior de la Casa Blanca.



