La sombra de una nueva era proteccionista en Estados Unidos, bajo el liderazgo de Donald Trump, ha provocado un sismo en los despachos de Bruselas. La amenaza de aranceles generalizados por parte de la próxima administración estadounidense no solo pone en jaque la estabilidad del comercio global, sino que ha reactivado con una urgencia inédita las negociaciones para sellar, de una vez por todas, el histórico acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur.

Este pacto, que lleva más de dos décadas en el tintero, se ha convertido ahora en una prioridad estratégica de primer orden para la Comisión Europea. La presión ha escalado significativamente tras el inicio de procesos de ratificación exprés en los países latinoamericanos que integran el bloque (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay). Estos gobiernos buscan blindarse ante la volatilidad económica que promete la Casa Blanca, enviando una señal clara a Europa: el tiempo de las dudas y las prórrogas se ha terminado.

Para México, este movimiento geopolítico no pasa desapercibido. Como socio comercial clave de ambos bloques y vecino geográfico de Estados Unidos, la reconfiguración de las alianzas entre Europa y Sudamérica establece un precedente crucial para la región. La estrategia de diversificación comercial que México ha buscado históricamente para reducir la dependencia de Washington se refleja ahora en la urgencia de sus vecinos del sur, quienes ven en Bruselas un contrapeso necesario frente al intervencionismo y las posibles guerras comerciales que Trump ha puesto sobre la mesa.

Dentro de la Unión Europea, el panorama interno sigue siendo complejo. Si bien la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, busca cerrar el trato para consolidar la influencia europea en la región, aún persisten reticencias internas. Países como Francia, presionados por sus sectores agrícolas que temen la competencia sudamericana, mantienen sus reservas. No obstante, el temor al aislamiento comercial frente a las políticas de Washington parece estar inclinando la balanza hacia la necesidad de fortalecer el eje comercial con el Cono Sur.

Analistas internacionales coinciden en que la ventana de oportunidad es extremadamente estrecha. Si Bruselas no logra capitalizar este impulso político antes de que las políticas de Trump entren en pleno vigor, la Unión Europea corre el riesgo de quedar atrapada en un escenario de vulnerabilidad. La ratificación del acuerdo con el Mercosur ya no es solo una cuestión de aranceles y cuotas; es, hoy más que nunca, un movimiento de supervivencia estratégica en un orden mundial cada vez más fragmentado.